Mi primer y último Inktober

Hace tiempo que el reto del Inktober está circulando y siempre me ha parecido atractivo, pero siempre he tenido miserias que me han impedido subirme al carro. Este año no era una excepción pero me cargue de motivación y ganas de complicarme la existencia y decidí afrontarlo.

Para quien no lo sepa Inktober es una iniciativa del ilustrador Jake Parker. Un día decidió plantarse un reto para mejorar sus aptitudes en el manejo de la tinta y se propuso hacer una ilustración usando sólo tinta (y algo de lápiz para los bocetos) cada día durante todo el mes de octubre y compartirla a través de las redes sociales con el hashtag #inktober para que los que se sumaran a la iniciativa pudieran intercambiar consejos y experiencias.

Y a fe que así fue. En unos años la comunidad de ilustradores se lanzó a hacer este reto ganando en visibilidad y práctica con esta técnica. Jake Parker había creado un monstruo y este año yo era una de sus presas.

El ilustrador que fundó este movimiento suele poner antes de empezar una guía de palabras o temas para que la inspiración no sea un problema y los participantes se centren en dibujar, pero yo soy de naturaleza masoquista y me pude dos premisas: acabar con un estuche de rotuladores Carioca Joy de 1993 que había encontrado haciendo la limpieza e inspirarme en las imágenes resultantes de poner caracteres aleatorios en el buscador de imágenes de Google. Ahí es nada.

Empecé un poco tarde pero cogí rápidamente el ritmo. Pero Jake, pichita, este reto es para la gente que no tiene más vida que ilustrar y que tiene un espacio apartado donde puede concentrarse. Yo ha tenido que pasar la mayoría del reto ilustrando por la noche, a la luz de un flexo con un trapo y en completo silencio para no despertar al chiquillo.

Además, mis premisas han potenciado aún más el reto. Tenía que pasar horas mirando imágenes sin sentido fruto de aporrear el teclado hasta que encontraba una que me inspirara una imagen, y cuando lo hacía los rotuladores estaban secos o completamente destrozados. Al final tenía que tirar de recursos gráficos que me salvaran el cuello o directamente de paciencia.

El resultado lo podéis ver en esta galería. Fui poniendo las imágenes de referencia junto a las ilustraciones conforme las iba haciendo en Facebook y también una foto en el Instagram Stories con un teaser de la ilustración completa.

Al final acabé agotado, cabreado y con 31 ilustraciones que no sé si quemar, guardar o vender. Porque, hete aquí otra de las cuestiones del Inktober, hay muchos autores que van vendiendo sus ilustraciones cuando ni si quiera aún las han terminado. Eso es un aliciente enorme, pero no es mi caso. Yo sólo soy un tipo que quería gastar sus rotuladores y el precio que he cobrado es algo más de espacio en el estudio. Seguramente haga versiones vectoriales de las ilustraciones que más me han gustado y algún que otro motivo para nuevas aventuritas gráficas.

El año que viene más (NO)

Ilustración

2 comments

  1. Jesús says:

    Me ha encantado la premisa de usar los rotuladores esos que no se tiran para por si. Ahora estoy tentado de desempolvar el estuche de la comunión para gastarlo dibujando una churrita al día durante lo que queda de año.

    • El otro Samu says:

      No lo voy a negar. Mi siguiente Inktober (si lo hubiere) se centrará en la caja de rotrings Stadler que cayó en algún cumpleaños como regalo facilón para aquellos que esperaban que mi pasión por el dibujo derivara en cursar una carrera de arquitectura. No lo vieron venir.

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