Es complejo

Es complejo

Opinión

No te conozco personalmente (creo), pero estoy seguro de que eres consciente de la dictadura de «lo normal», de lo absurdo de perseguir tener en un «cuerpo ideal» que se ajuste a la moda imperante y de que no puedes vivir buscando la aprobación o la admiración de cualquier otra persona que no seas tú mismo. Pero entonces ¿Por qué se te hace un mundo cambiar a la ropa de verano o mostrar tu cuerpo en la playa? No es fácil explicar por qué nos sentimos así. Es complejo.

No conozco a ninguna persona que esté completamente satisfecha consigo misma. Todos tenemos algo de lo que nos avergonzamos en mayor o menor medida. A la vez todos somos conscientes de nuestras vergüenzas y sabemos a ciencia cierta que no deberían limitarnos como personas. Que vengan a decirnos que «la belleza está en el interior» no es más que un motivo más para sentirnos mal.

Como veréis, estoy hablando en primera persona. Yo mismo confieso que no ha habido un verano en mi vida que no haya sentido un nudo en la garganta al quitarme la camiseta en una piscina o en el que que busque desesperadamente un cojín para ocultar mi barriga si me siento en un sofá. Soy un señor de mediana edad, calvo, fofo, introvertido y paliducho, pero eso no es ninguna novedad porque llevo siendo así desde que era adolescente.

Siempre me ha faltado pelo donde debería y me ha sobrado donde no. Pasé de ser un niño gordo a un postadolescente con unas estrías que jamás desaparecerían por mucho que adelgazara o me embadurnara de cremas. No soy capaz de mostrarme abierto y comunicativo a la primera de cambio y se me olvidará tu nombre en cuanto nos presenten. Siempre he bajado la mirada cuando me he cruzado con alguien que me atraía y me arrepiento de cada una de las palabras que no dije cuando llego a mi casa después de hablar con la gente que me gusta. Como defensa me escudo en mi sentido del humor y en un intento vano por controlar las situaciones, pero mis problemas de autoestima me empujan siempre a una mala relación con la comida y a una insatisfacción constante que me tiene al filo de la depresión. Soy plenamente consciente de ello.

Igualmente soy consciente de las soluciones. Ir a terapia, incorporar hábitos saludables fácilmente abordables en mi rutina diaria (como comer sano y hacer un ejercicio suave), establecer relaciones naturalmente abriéndome a las personas sólo hasta donde me encuentre cómodo, aceptar que este es mi cuerpo y que lo debo amar y cuidar por todo lo que me hace sentir, etc. Pero, si tengo la cabeza bien amueblada y soy consciente de mis problemas y sus soluciones ¿De dónde vienen estas dudas?

Hoy en día, los inseguros como nosotros, estamos en un fuego cruzado de mensajes. Por una parte está toda la maquinaria capitalista que nos quiere vender prendas de vestir con tallas inhumanas, alimentos light, bonos de gimnasio o maquillaje. Por la otra está la misma maquinaria capitalista pero disfrazada de amigo preocupado y que bombardea igualmente con libros de autoayuda, geles para cuerpos diversos, productos bio, aplicaciones de mindfulnes o moda minimalista, vegana, respetuosa y sostenible. Nosotros estamos justo en medio sintiéndonos como imbéciles por no estar seguros de ser nosotros mismos, pero con una promesa soterrada de que debemos ser «mejores personas» (consumiendo, claro está).

La gente™ (cualificada o no) te dirá que es por culpa de tus complejos: complejo de gordo o de delgado, complejo de calvo o de peludo, complejo de ser muy blanco o de ser demasiado moreno, complejo por tener un acento u otro, complejo por ser más o menos carismático, por ser distinto o del montón, por tener más o menos dinero… pero no puede ser tan simple. De ser tan fácil etiquetarlo y conociendo cómo solucionarlo, lo habríamos superado hace años.

Si estamos y somos así no es sólo culpa de nuestros complejos, es por algo más complejo.

Ahora pensarás que te voy a dar la respuesta. Que tras años de acomplejado oficial he visto la luz y estoy escribiendo esta parrafada para compartir con el mundo mi solución milagrosa. Incluso puede que pienses que este artículo es una sucia estratagema para venderte un ebook o promocionar un nuevo podcast, y así cerrar el círculo capitalista del buen rollo. Pero te equivocas.

Hace un par de días pude ir a la playa. No había demasiada gente y, mientras mi mujer y mi hijo corrían hacia el mar, yo me quedé de pié paralizado por unos segundos antes la idea de descubrir mi torso. Miré a mi alrededor y había personas de todas las edades y con muchos tipos de cuerpos. Me quité la camiseta como quien se quita una tirita. Después pasé la mitad de la tarde intentando no pensar en que alguien me estaba juzgando, pero la otra mitad pensando en que posiblemente la mayoría aquellas personas habría sufrido el mismo mal trago delante del espejo de su casa, en la cola de un probador o quizás en aquella misma playa. Por eso decidí escribir este texto.

Aquel día no me sentí mejor ni me miré al espejo con otro talante, pero sí fui consciente del tremendo peso de la culpa. Lo que quiero decirte es que si te sientes inseguro con tu cuerpo pese a ser consciente de que se puede resolver y de cómo hacerlo, no es exclusivamente culpa tuya. Haz lo posible por no cargar además con el lastre de la culpa ajena. Puede que no solucione tus miserias personales, pero seguro que no las empeora.

No te puedo asegurar que yo mismo lo logre, pero voy a intentar con todas mis fuerzas no martirizarme pensando en que no hay factores externos que condicionen mi comportamiento o mi manera de ser.

En cierta manera nos empujan a tomar una actitud egocentrista porque nos vemos obligados a encajar como sea en nuestro entorno. No digo que seamos exclusivamente víctimas de la deriva, pero que no nos hagan cargar con todo el peso de esta mierda. Somos seres sociales y una buena parte de cómo somos es consecuencia de decisiones a nivel global.

Hay que ser conscientes de que como individuos tenemos un límite de acción, y que podemos ser parte de un movimiento colectivo que puede (o no) suponer un cambio. Pero también seamos sinceros, lo máximo a lo que podemos aspirar en un primer momento es a no sentirnos incómodos nadando en estas aguas tan turbias.

Si compartir es vivir, no seas egoísta y comparte su trozo de culpabilidad correspondiente con corporaciones, gobiernos, culturas, religiones y demás. Seguro que tus «kilos de más» a ellos nos les pesan tanto como a ti.

Recalculando ruta – Procesos

Recalculando ruta – Procesos

Ilustración Proyectos

A principios de 2022 Bartolomé Fernández (director creativo de Un gato andaluz) contactó conmigo para colaborar con él haciendo el cartel para su nuevo corto: Recalculando ruta. Yo no pude negarme porque es un buen amigo y me encanta su trabajo.

Me puse entonces manos a la obra viendo varias veces el corto. No quiero desvelaros nada, pero el espacio donde transcurre es posiblemente su principal protagonista. La atmósfera es extraña y pesada. La tecnología y el surrealismo se mezclan para crear una situación de claustrofobia e inesperada a plena luz del día, lo que la hace tan cotidiana como terrorífica.

Mi intención es que transmitir algo parecido a la sensación que se tiene al ver el «Recalculando ruta». La tensión de sentir que algo más grande que escapa a tu control ejerce en ti un efecto tan directo como el dedo de un niño que aplasta a una hormiga.

Vinieron a mi imágenes de referentes personales como el descomunal OVNI sobre el Pentágono en uno de los cortos de Heavy Metal. Esa visión teocentrista del ojo que todo lo ve. El Gran Hermano del 1984 de George Orwell. La sensación de indefensión tras esforzarte inútilmente por ser dueño de tus actos en películas como El Show de Truman o Están vivos y portadas de discos como la de Storm Thorgerson para el  Bury the Hatchet de The Cramberries.

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Si traes esa referencia al mundo de la tecnología actual te das cuenta de que convivimos con ese ojo en el cielo. Los satélites nos vigilan, y cuando buscamos nuestra ubicación nos «señalan». Pensé que esa diminuta flecha que señala a nuestras cabezas es el implacable dedo de un Dios que nos apunta, haciéndonos sentir vulnerables antes tan desmedida señal de poder. Esa sensación se acerca a lo que puedes experimentar viendo Recalculando ruta.

El siguiente paso era elaborar un boceto. Tomando todos los datos anteriores como referencia usé varios elementos clave: una visión esquemática del espacio donde todo transcurre y una flecha de ubicación típica de un GPS o de una aplicación de geolocalización y mapas.

Mi intención era que esa pequeña flecha en el mapa se mostrara desde la perspectiva de la protagonista emulando las referencias que me vinieron a la mente en su momento. Así, debía poner una flecha enorme sobre la pequeña casa que aparece en Recalculando ruta.

Eso suponía un reto a nivel de composición: O se veía la flecha parcialmente (lo que significaría asumir el riesgo de que no se entendiera qué era) o se veía la flecha entera y la representación del escenario más pequeña (de manera que corría el riesgo de perder la visibilidad de este elemento y que no se entendiera demasiado).

Trabajé los elementos en dos bocetos vectoriales con composiciones distintas para ver cómo funcionaban y ambas me parecieron satisfactorias, así que se la pasé a Barto junto a la explicación sobre la pieza. No tardó en darme su bendición para seguir adelante.

El siguiente paso fue trabajar en elementos complementarios, la composición de la información y elementos obligatorios. Paro antes de pasar a este punto había algo que necesitaba abordar. Los colores que había elegido para el boceto habían sido muy objetivos. Me basé en los colores usados en los mapas digitales de GPSs, pero eso no apoyaba ningún tono. Era necesario ir probando con paletas de color nuevas sin perder la referencia a los mapas.

Primero hice una versión usando pinceles con texturas para quitarle parte de la frialdad del vector. Después fui probando con diferentes paletas con dos premisas: por una parte el contraste de colores para que la flecha destacara y pareciera que «aplastaba» a la casa, y por la otra que la gama usada contribuyera a ese ambiente denso y agobiante que destilaba el corto.

Tras varios intentos, decidí optar por una opción monocromática en tonos ceniza que contrastaba con el color naranja inicial para la flecha. Aunque me pareció la versión más acertada, pensé que era necesario usar otros elementos para apoyar el concepto.

Fue entonces cuando pensé en que la acción se desarrolla en una zona boscosa donde los mapas de calles y carreteras no llegan. Así que usé el recurso de las líneas que describen los mapas de relieves en los estudios orográficos del terreno. De esta manera nos ceñíamos a la simbología de los mapas y , a la vez, creábamos una textura casi psicodélica sobre la que estableceríamos los elementos principales. La doté del color naranja a un porcentaje menos para no quitarle protagonismo a elementos más relevantes.

Ya satisfecho con la parte gráfica me centré en la tipográfica y en la composición de los logos. Para la primera usé uno de los conceptos manejados durante el corto y lo acerqué al recurso de los mapas orográficos para buscar la tipografía adecuada. Así Recalculando ruta aparece en el cartel con una tipografía compuesta por varias líneas finas que dan cuerpo a los diferentes caracteres. Para el resto de los textos del cartel tiré de variaciones de la misma familia (la Big Shoulders), lo que da una cohesión al conjunto de la parte escrita del cartel.

Recalculando ruta - Cartel 1

La composición era bastante sencilla, porque los elementos pedían una distribución centrada y vertical. Así que sólo tuve que componer los elementos de manera armónica con esas directrices. El problema fue cuando me enfrenté a los formatos apaisados para banners (por ejemplo). La solución fue componer en tercios intentando nivelar los pesos con los distintos tamaños. Para eso me vino genial tener las dos opciones y usar una u otra en función de los formatos.

Cuando estuve conforme con las diferentes piezas se las mostré a Barto y me dio luz verde para generar los artes finales. Como bonus le remití fondos con los mapas orográficos y composiciones para usarlas en títulos de créditos. También para su uso como recurso en redes sociales y posibles comunicaciones digitales.

En general he disfrutado mucho de este proyecto por la completa libertad creativa por parte del director creativo, y por tener la oportunidad de colaborar con Barto en uno de sus proyectos personales. Tenéis toda la información del corto en las redes y en la web de Un gato Andaluz y en el twitter de Barto Fernández. Si queréis echarle un vistazo al trailer de «Recalculando ruta», podéis verlo justo aquí abajo.

Sobre «Comepoco»

Sobre «Comepoco»

Los cuentos de Fermín Proyectos Redacción

Comepoco es el primero de «Los cuentos de Fermín» y posiblemente una de las historias que más le gustaron. En esta entrada anterior os expuse cómo se originó el proyecto y dónde nos llevó, pero Comepoco fue el que comenzó todo esto por muchos otros factores.

Fermín (que por aquel entonces tenía casi 3 años), comenzó a tener miedo de los monstruos. Veníamos de una semana de pesadillas tras el bombardeo previo a halloween, pero aquellos días insistía con los fantasmas. Sospechaba que se escondían en cualquier lugar de la casa y que podían asustarlo en cualquier momento.

Esa noche mi mujer trabajaba hasta tarde y ambos estábamos sentados en la cocina cenando. Él me decía que no quería irse a dormir porque tenía miedo de los fantasmas, así que aparté mi plato y acerqué el taco de papeles reciclados que usábamos para hacer la lista de la compra, un edding negro a medio gastar y unas ceras gruesas del Imaginarium que él no dejaba de utilizar por aquel entonces. «No deberías tenerle miedo a los fantasmas. Te voy a contar un cuento sobre uno», le dije.

Uno de los grandes logros de Fermín en su etapa en la guardería era que estaba siempre abierto a probar cualquier fruta o verdura mientras que sus compañeros eran más reacios. Así que monté la historia sobre aquello.

Un aprendiz de fantasma que odiaba comer frutas y verduras y que se da cuenta de que no es capaz de asustar a los niños que las comen.

Mientras le iba contando el cuento él iba comiéndose su puré de verduras y yo iba ilustrando en aquellos trozos de papel lo que ocurría en la historia.

Fermín estaba muy entregado interactuando a las preguntas que le iba haciendo y que influían en la trama (como el hecho de que él mismo apareciera en el cuento) o diciéndome lo que tenía que dibujar. Mientras iba desarrollándose notaba cómo se iba relajando. Aquello estaba funcionando.

Al terminar el cuento estaba eufórico. Me preguntó si ese cuento lo había leído en algún sitio y le dije que no. Aquel cuento lo habíamos inventado entre los dos entre cucharada y cucharada.

Comepoco - bocetos

Cuando llegamos a la cama me pidió que le contara otro y le dije que ya no teníamos luz para dibujar ni mesa para apoyarme, así que lo dejaríamos para el día siguiente. Lo aceptó pero me pidió que le contara de nuevo el cuento mientras iba jugando con los dibujos. Así lo hice.

Aquella noche no tuvo ninguna pesadilla. Pudimos dormir tranquilamente toda la familia.

A la mañana siguiente ordenamos los dibujos, los numeramos y los grapamos para convertirlos en un pequeño libro. Él mismo le contó a su madre el cuento en cuanto tuvo oportunidad. A la vista de lo sucedido decidí hacer un trato con él: le contaría todos los días un cuento sobre un personaje que temiera para que se diera cuenta de que no debe tenerles miedo. De esta manera nacieron «Los cuentos de Fermín».

Durante las siguientes semanas continuamos con los personajes terroríficos que él elegía. Una momia, un vampiro, una bruja, el hombre invisible… Todos tuvieron su cuento, pero muy pocos de ellos fueron reclamados para que se lo contara de nuevo en la cama. Comepoco fue de lejos uno de los más solicitados.

Comepoco - mesa

Otra de los temas que se trataban en el cuento era el propio miedo. Por un lado están personajes que causan miedo y que pueden sentirlo también. Eso los hacía más cercanos y vulnerables. Por otra parte traté una situación en la que el personaje tiene que parar para reflexionar sobre su problema y encontrar una solución afrontando sus temores. Esta última situación nos ha servido de ejemplo para ilustrar muchos otros problemas a los que Fermín se ha tenido que enfrentar más tarde.

Este fantasma (en una versión más refinada) apareció como guiño en la invitación a la fiesta de su tercer cumpleaños que hice para mandar por Whatsapp a los padres de sus compañeros un par de meses después. A las puertas de las navidades les dijimos que podían venir a su cumpleaños vestidos de monstruos. Y aquel fue el final de las pesadillas recurrentes y los miedos a los monstruos. Todos tenían su pequeña historia que los sacaban de las sombras para hacerlos más cercanos y entrañables.

Comepoco - invitación

A lo largo de estos tres años hemos ido puliendo detalles. Aparece una bruja en el cuento que Fermín decidió que sería la protagonista de otro cuento. La historia pasó de llamarse «El fantasma Comepoco» a tan sólo sólo «Comepoco». Hemos ido añadiendo y restando ingredientes a los diferentes platos que aparecen en el cuento. Cuando Fermín cumplió 5 años cerramos la versión definitiva junto al resto de los cuentos de la colección, y pronto pasamos de contar cuentos a leer cuentos.

…Y ahora compartimos esta historia con vosotros.

Compeoco - portada completa
Está estructurada como un cuento ilustrado de 8 páginas (más cubiertas) y redactado en español para que un adulto se lo lea a un niño o una niña de 3 a 6 años (básicamente porque comprende las edades en las que se lo he contado a Fermín). También está registrado y distribuido bajo la licencia Creative Commons, para que pueda ser compartido y remezclado siempre que se cite la fuente original y mientras no sea para uso comercial.

Podéis adquirir Comepoco en la tienda en versión digital (PDF) por un mínimo de 3€ y un máximo de 30€. He dejado el precio abierto para que paguéis lo que consideréis justo y aportéis al proyecto lo que creáis oportuno. PULSAD AQUÍ PARA IR AL PRODUCTO DIRECTAMENTE.

Tanto Fermín como yo esperamos de corazón que os guste. Y si no os gusta, al menos lo habréis probado 😉

Los cuentos de Fermín

Los cuentos de Fermín

Ilustración Los cuentos de Fermín Proyectos Redacción Tienda online

Hace tiempo que llevo planeando cómo hacer esto correctamente. Llevo casi cuatro años enfrascado en uno de mis proyectos más personales para que destile todo el cariño y el mimo con el que se ha gestado. Pero nunca encuentro el momento ni la situación adecuada. Eso va a cambiar pronto porque creo que no puedo alargar esta espera mucho más. Muy pronto comenzará su andadura «Los cuentos de Fermín».

Este proyecto nace cuando en Halloween de 2017, mi hijo Fermín comenzó a darse cuenta de que aquellos personajes que se representaban en cualquier manifestación sobre esta festividad eran monstruos que causaban terror. Inmediatamente comenzó a tener pesadillas con fantasmas, vampiros, brujas, etc. Mi mujer y yo hablábamos con él y hacíamos actividades para familiarizarlo con esos personajes: Disfrazarnos de ellos, dibujarlos haciendo cosas ridículas, ver animación infantil que los incluyera… pero nada servía.

Una noche se me ocurrió inventarme un cuento sobre uno de estos personajes e ir ilustrándolo a tiempo real mientras lo contaba. Intenté humanizarlo y lo asocié a los problemas que él mismo encontraba en su día a día, e incluso les dábamos nombres de personas de nuestro entorno para haceros más familiares. Al terminar él estaba encantado. Al llegar a la cama me pidió que se lo repitiera mientras hojeaba los dibujos que había hecho.

Cuando terminé le propuse un trato. Todas las noches al acostarse le contaría un cuento que me inventara siempre que uno de sus protagonistas fuera algo o alguien que le causara pesadillas.

Y así fue. Durante unas semanas nos fuimos inventando cuentos. Él planteaba la situación inicial o el personaje a tratar y yo estructuraba el relato conforme lo iba contando. Él podía intervenir en cualquier momento y añadir un giro o un personaje. Esto dio lugar a que los cuentos se entrelazaran al empezar a aparecer personajes de otros relatos que ya habíamos inventado. Así creamos un pequeño y personal universo.

Desde aquel momento Fermín dejó de tener pesadillas con monstruos a tener sueños con ellos. Pero la cosa no quedó ahí.

Fermín pronto se cansó de que los cuentos se ciñesen a personajes terribles. Así que pronto incorporamos animales, personajes de cuentos clásicos, personas reales y crossovers con series de animación que veía habitualmente. También abrimos el espectro y empezamos a inventarnos poesías, trabalenguas, adivinanzas… Y ya no era suficiente uno cada noche, sino que aceptamos el reto de inventarnos dos por noche.

Durante tres años ese fue nuestro día a día. Pero, aunque todas las noches había nuevas emociones, de vez en cuando me pedía que recuperásemos algún cuento que le hubiera gustado especialmente. Y fue entonces cuando me di cuenta de que sería maravilloso conservar esos cuentos destacados para que no se perdieran en aquel mar de historias.

De esta manera comencé a redactar los cuentos que más se repetían, hasta completar un buen puñado de ellos. Cuando los tenía escritos se los leía de vez en cuando por si quería añadir algo más o se me olvidaba algún matiz que él consideraba destacable.

También me pedía que le contase aquellos cuentos a familiares, e incluso él mismo los contaba en su colegio cuando tenía la oportunidad. Así que decidimos que quizás fuera buena idea publicarlos de alguna manera y compartirlos para que otros niños también pudieran disfrutarlos.

Por aquel entonces uno de sus libros favoritos era «Pájaro Amarillo» de Olga de Dios porque cuando estaba en la guardería fui a leérselo a sus compañeros de clase. Así que todo aquello de compartir lo tenía a flor de piel.

Durante un tiempo dejé el proyecto aparcado tan sólo para revisar los textos en varias ocasiones para adaptarlos a un lenguaje escrito comprensible para niños de su edad. En 2020 llegó la pandemia de la Covid-19 y pasamos muchísimo tiempo juntos en casa. Así que decidí retomarlo para cerrar una maquetación e ilustrar el primero de los cuentos. El elegido fue aquel primer relato que compartimos entre cucharada y cucharada de puré de verduras.

Intenté dedicarle todo el tiempo y el mimo que me fue posible. Incluso, decidí hacer un pequeño logo de la colección digitalizando las fichas que Fermín hacía en la guardería y hacerme con un pequeño alfabeto de aquellas primeras letras que comenzaba a garabatear. Con ellas escribí el título de la colección para que su presencia en ella fuera aún más palpable.

Invitación 3 años

Esta fue la ilustración que hice para la fiesta de su tercer cumpleaños.

También fabriqué una brocha digital y testé el estilo en algunos proyectos como en el reto de Puño, el mi aportación a «Follar en tiempos de COVID» de Sextories (así como en las viñetas que hice para su Sextreaming Party), en algunas piezas personales y en algún proyecto que aún no puedo desvelar. Para los colores usé las gamas que ideé para las invitaciones a su tercer y cuarto cumpleaños.

Sin demasiadas pretensiones lo estructuré como un cuento ilustrado para que los padres se lo contaran a sus hijos a pie de cama, tal y como yo hice en su día. Mi intención era en ese momento publicarlo en este blog con descarga gratuita bajo licencia de Creative Commons, pero casi todos me recomendaron que tentara a alguna editorial.

No sé si estáis al corriente, pero el panorama editorial infantil es muy jodido. Las editoriales reciben manuscritos a espuertas y la mayoría de ellas ha optado por abrir concursos donde lavarse las manitas y no tener que justificar cada uno de los trabajos rechazados. Además, las condiciones son bastante chungas en cuanto a dotaciones económicas y condiciones de royalties sobre tiradas ridículas para no pillarse los dedos.

Como es ya normal en el sector, el autor o autores sólo perciben un 10% del precio de cada ejemplar vendido (5% si sólo has ilustrado o escrito el cuento a compartir con ilustradores que suelen estar en nómina de la propia editorial). A eso se añade el pifostio de las presentaciones, la distribución, las copias que te «dan» para que tú las vendas como buenamente puedas, y todas las manitas que vienen a cambiar el contenido de lo que has presentado.

El panorama es desalentador para los autores, que obtienen unos beneficios mínimos por unas obras que sin ellos no habían existido. La mayor parte del pastel se las reparten quienes comercian tan sólo con el papel y la tinta.

Mi recopilación de cuentos no entraba en los formatos más rentables para las editoriales. No eran álbumes ilustrados dirigidos a primeros lectores o a padres nostálgicos. Yo no era ningún influencer ni tenía nada reseñable publicado en este nicho. Así que no me sorprendió cuando mandé el manuscrito y el proyecto a más de 40 editoriales y ninguna me dio una respuesta positiva.

La mayoría de ellas tardaban meses en responder, y cuando lo hacían era para decirme que tumbaban mi proyecto o que me planteara adaptarlo para participar en uno de sus concursos.

Es cierto que hay editoriales que están abiertas a publicar manuscritos tal y como vienen, pero normalmente te proponen una coedición. Eso supone que tú, además de cobrar una miseria por tu trabajo como autor, tiene que hacer un gran porcentaje del trabajo que debe desempeñar una editorial. Y en menos de lo que te esperas estás llamando a las librerías para intentar cerrar una presentación mientras le suplicas a la editorial que te manden un os ejemplares y algo de eco en sus redes para que venga alguien.

Me di 6 meses de plazo para que alguien se interesara por «Los cuentos de Fermín» o al menos por ese primer cuento. El plazo terminó en septiembre de 2021, y fue entonces cuando tomé conciencia de que tocaba una vez más aferrarse a la autoedición. El fanzinero en mí despertó de su letargo.

Ahora que había escogido la vía de la autoedición me tenía que plantear retomar la idea de la descarga en PDF ¿Sería bonito que estuviera editado en papel y que los niños pudieran tocar y hojear el cuento? Sí ¿Estaba dispuesto a imprimir un número de copias y almacenarlas para luego enviarlas por correo o entregarlas en mano a cada comprador? Las pilas de camisetas que siguen encerradas en mi armario indicaban que no era la mejor opción. Pero visto lo visto no quería que fuera gratis.

El trabajo de creación, redacción, ilustración, revisión, maquetación y promoción no deberían ser gratis. No es justo que el trabajo de un autor se distribuya felizmente en detrimento del panorama para los creadores, ya jodido de por sí. Si quería dedicar tiempo y energías en continuar la colección debía ponerlo en valor. Así que tomé una decisión: dejar un precio abierto con un mínimo cerrado.

No voy a comenzar un crowdfunding un Verkami porque no creo que sea un proyecto que necesite tan sólo financiación. No voy a abrirme un Patreon porque terminaría decepcionando a todos los mecenas por no compartir con ellos tanto material ni con la asiduidad necesaria. Y lo del Ko-Fi, viendo mi repercusión en redes seguro que no me llegaría ni para manchar la leche. De manera que la manera de apoyar tanto al proyecto como a los autores está en el precio. Es como pedir un mínimo y «la voluntad».

El mínimo lo he establecido calculando lo que cobraría un autor e ilustrador si lo publicara con una editorial (un 10% del precio final, como he comentado antes). Además, he añadido un margen más por lo que cobrarían un diseñador y un publicista por darle forma y promocionar el cuento dividido entre una tirada de 1000 ejemplares que pudiera hacer una editorial (siendo muy generosa). El precio total del mínimo será de 3€, pero he establecido un máximo de 30€ para que el comprador pague el precio que considere justo por la obra sin volverse loco. De esa manera puede formar parte de esta aventura.

Ya sólo queda anunciaros que el primero de los cuento verá la luz a principios de diciembre y que lo anunciaré a bombo y platillo cuando llegue el momento. Lo podréis comprar y descargar a través de mi tienda online.

Espero que os gusten los cuentos. Tanto a Fermín como a mí nos hace muchísima ilusión que este proyecto salga adelante. Y ¿quién sabe? A lo mejor leyéndolos también dejáis de tener pesadillas.

Spotify – Nipop

Spotify – Nipop

Spotify

Una de las cosas más maravillosas que tiene la música es que se pude colar por los recovecos de tu memoria para reinterpretar lo que consideras normal. Para mi, escuchar música en japonés es como redescubrir música que parece que estoy escuchando de toda la vida con nuevas melodías. Por eso empecé a hacer esta playlist en Spotify y la bauticé como Nipop.

¿Habéis escuchado o leído alguna vez a alguien decir «envidio a la gente que nunca ha escuchado este disco (canción o artista) porque me encantaría poder volver a escuchar esta música por primera vez»? Pues algo así me pasa con la música en japonés. Cuando escucho pop de los 80s o funk de los 70s me parece estar descubriendo por primera vez a Diana Ross, Earth Wind and Fire o Marvin Gaye. Puede que con melodías nuevas, voces distintas o una sonoridad diferentes, pero esa es la sensación que me transmite. y es muy agradable.

Comencé la Nipop con la idea de abrirme a artistas japoneses que hicieran música parecida a la que escuchaba en ese momento. Pero la cosa derivó a un gusto por la Electrónica, el City Pop y una tendencia a lanzarme de artista en artista escuchando sin prejuicios como Tarzán columpiándose por la jungla de liana en liana.

Os recomiendo que hagáis los mismo. Abrid vuestra mente a sonoridades nuevas y todo un abanico musical se os mostrará. Puede que escuchar esta playlist sea el principio de vuestro viaje personal por la música nipona. he intentado agrupar las canciones por artistas y género, por si os sirviera para comenzar vuestra investigación.

Para escuchar Nipop pulsad sobre ESTE ENLACE o buscarlo entre el resto de mis playlist en mi perfil de Spotify.

Spotify – Galojuin

Spotify – Galojuin

Spotify

Jálouin, ayobin, elobuin,… Nuestra habilidad de celebrar Halloween como Dios manda es directamente proporcional a nuestra capacidad de pronunciar bien la palabra. Puede que para muchos sea motivo de una profunda vergüenza ajena, pero para mi es una seña de identidad. En España Halloween debe acercarse más a una despedida de soltero que a un despliegue navideño. En parte he querido reflejar esto en mi nueva playlist de Spotify: GALOJUIN.

Aquí todo tiene que ser como sale en las películas, pero más barato, ruidoso, alcoholizado y apolillado. No verás a la mayoría gastándose un pastón en su disfraz. Verás caras manchadas con ceras Manley y la ropa que puedan encontrar en un baúl de casa de sus abuelos. En Estados Unidos verás grandes fiestas en casas con decoración fantasmagórica. Aquí verás a fantoches de botellón pillándose un ciego de muerte co el licor más barato que encuentren. Aquí no se cuentan historias de terror, sino batallitas de la mili.

Todo es un fiel reflejo de las costumbres norteamericanas, pero reflejadas en el tapacubos del Seat León de un cani que ha hecho trompos en el aparcamiento enfangado de un puticlub.

En Galojuin encontraréis temas clásicos de Halloween, pero también caspa patria, grupos infantiles y momentos de empujones en un pogo para acabar medio K.O. entre las sábanas de raso de un motel de carretera con un donante anónimo de clamidia. 75 canciones que cualquier ginecólogo desaconsejaría.

Si queréis disfrutar de tan exquisita experiencia pulsas sobre ESTE ENLACE y echaos a temblar durante cuatro horas y pico. También podéis ver otras listas temáticas que tengo en abierto en mi perfil de Spotify. A ver si alguien toma nota del desastre provocado y volvemos a celebrar el Día de todos los Santos como está de Dios.

El síndrome del efecto 2000 – Colectivo Miga

El síndrome del efecto 2000 – Colectivo Miga

Colectivo Miga Opinión

¿No tienes la sensación de que hay un muro que separa físicamente el 2020 del 2021? Esto ocurre todos los años, y se traduce en una sensación de presión en el pecho y en los timings al ver que nada de lo que te habías planteando cerrar antes de fin de año sigue en la bandeja de trabajos pendientes.

Esta sensación es lo que llamo el síndrome del efecto 2000 y que nos hizo temer lo peor porque parecía que nunca estábamos lo suficientemente preparados para el paso de 1999 a 2000. Esto nos hizo sentir que el mundo tal como lo conocíamos acabaría al terminar las campanadas, y las uvas casi se nos atragantan al ver que al final todo seguía tal cual.

En agencias, colectivos y empresas pasa algo parecido, y en diciembre de 2015 escribí este artículo con dos partes diferenciadas: una descripción en tono de documental de National Geographic de la situación, y una segunda parte con unas pautas para evitar este pequeño cataclismo que vivimos cada año, pero también cuando se acercan unas vacaciones, un evento popular, una baja de un miembro del equipo o cualquier chorrada que hace que se nos disparen las alarmas al mirar nuestra planificación de proyectos.

Podéis leer el artículo en este enlace o buscándolo entre otros artículos de la sección del blog en la web de Colectivo Miga.

Tienes un polvo

Tienes un polvo

Opinión

Hace unos meses hablaba con una buena amiga de la energía que ciertas personas desprenden y que hacen que les abras de par en par las puertas de tu intimidad. Llegado un momento me confesó que desde siempre yo le había resultado sexualmente atractivo, y justo en ese momento me di cuenta de que era sólo la segunda vez que lo escuchaba en mis más de 40 años de vida.

Lo más curioso es que, al margen de lo chocante que me resultó situación, sentí que de alguna manera necesitaba escucharlo. Una parte de mi necesitaba sentirse deseado y por desgracia llevaba siendo reprimida muchísimo tiempo. Estaba tan enterrada bajo capas y capas de moralidad, baja autoestima y vergüenza que apenas me creía con derecho a provocar ese tipo de sensaciones.

La manera de comportarme y expresarme durante toda mi vida hicieron una buena parte del trabajo sucio en mi contra. He escuchado más veces la frase “¿¡Ah, pero tú no eras gay!?” que “hoy estás muy guapo”. Nací a finales de los 70s y hasta hace unos años halagar a otra persona era casi un sinónimo de que te la querías follar muy fuerte. Así que entiendo que culturalmente no es el entorno idóneo, pero lo vi en otras personas y subconscientemente me hubiera gustado formar parte de aquello.

Eso me terminó llevando a un doble callejón sin salida. Por un lado hizo que me la sudara lo que la gente opinara de mi aspecto o mi comportamiento, pero por otro lado me dejó la autoestima por los suelos. Esto me convirtió de un niño extrovertido y abierto a un adolescente bastante arisco e inseguro.

Con el tiempo encontré a una persona con la que conecté a todos los niveles y me sentí amado y deseado. Eso fue cuando tenía 19 años y aún sigo con ella. Durante muchos años aquel lastre emocional desapareció, pero estaba ahí latente.

Ante alguna dificultad o algún tropiezo salían a flote mis inseguridades y con el tiempo esa parte negativa terminó por ganar el pulso y olvidé mi lado hedonista. Perdí la pasión en todo aquello que amaba y nada me divertía, llenaba o satisfacía lo suficiente como para que mereciera la pena hacer el esfuerzo de intentar realizarlas.

Me fui cerrando puertas y aislando poniendo excusas, y me abandoné a la procrastinación y la supervivencia. Me acomodé en mi propio agujero y la mínima intención por salir de él sólo hacía que me hundiera más. Pero volvamos al momento de reencuentro con mi olvidado atractivo.

Ojo. No hay es cuestión de menospreciar la opinión de tu pareja, pero es cierto que su visión de ti va más allá de la imagen que puedas proyectar. El cariño, la rutina o la complicidad hacen flaco favor en este caso. Necesitas una mirada honesta, directa y visceral sin miedo a posibles consecuencias. En esencia la sensación que tú mismo puedas tener de una persona desconocida a simple vista.

Tienes un polvo: abrazo
Os preguntaréis cuál fue mi reacción cuando me encontré de frente con que una persona me veía atractivo. Sorprendentemente no esquivé esa bala. Las pocas loas o adulaciones (merecidas o no) durante mi vida han sido respondidas con evasivas quitándome cualquier mérito. Pero en este caso tomé consciencia de que no había excusa alguna.

Era una confesión sincera de una persona de confianza que me conocía desde hacía muchos años. Era irrefutable. Así que mi primera reacción fue decirle que me sentía halagado y agradecido. Pero no como una formalidad. Estaba profundamente agradecido porque había encontrado un punto de apoyo para intentar salir de mis miserias anímicas. El momento era el propicio y las personas implicadas estábamos emocionalmente en el mismo punto, así que para mí supuso un gran impulso.

A día de hoy intento revivir la llama de mis pasiones y encontrar algunas nuevas. Intento mirarme con otros ojos y no ser tan cruel y estricto conmigo mismo. No tengo problema en expresar y exponerme desde una perspectiva sexual. Quiero desear y sentirme deseado en todos los planos y volver a sentirme vivo, no ser un mero superviviente.

A fuerza de represión estamos infravalorando la importancia de considerarnos objetos de deseo. Es importante ser consciente de tu valor como ente follable.

Si que tu madre te diga que eres el niño más guapo del mundo (o que tu pareja te diga que te quiere mucho) ha terminado por no suponer para ti un subidón anímico, búscalo. Si lo que te pide el cuerpo es que te empotren contra la almohada en vez de que te den palmaditas en el hombro, dilo. No tengas miedo. Si tienes una polla o un coño no es sólo para que te los limpies cuando vayas a mear.

Hagamos esto; si te conozco y alguna vez te he resultado atractivo, si te has puesto tontorrona o cachondo pensando en mi, si has fantaseado conmigo alguna vez… Dímelo con sinceridad. Que no te de vergüenza. Te lo agradeceré mucho y ten por seguro que me ayudarás. Y de la misma manera, si necesitas saberlo o simplemente tienes curiosidad, pregúntame. Si estás dispuesto o dispuesta estaré encantado de decirte si para mí tienes un polvo.

Tienes un polvo: cuerpos