Desde lo más profundo de mi bolsillo – Colectivo Miga

Desde lo más profundo de mi bolsillo – Colectivo Miga

Colectivo Miga Opinión

De todos los artículos que escribí para Colectivo Miga, “Desde lo más profundo de mi bolsillo” es el que más rápido escribí por mi profunda repulsa a lo que terminé denominando ilustradores/diseñadores oportunistas.

Son ese tipo de “profesionales” que chequean a diario la última hora de la prensa digital para que, en cuanto surge cualquier desgracia, puedan generar una pieza rápida de dudosa calidad para ilustrar la noticia y que su dibujete o su logo se haga viral y llevarse algo de calderilla al bolsillo. Suelen intentar hacer pasar su mezquindad por solidaridad y su vanidad por empatía, pero no pueden esconderlo cuando vemos que en su creación figura si firma bien grande y legible.

Desde hace unos años estos profesionales están en alza y basta que se muera un personaje célebre, estalle alguna guerra o suceda cualquier desastre natural para que pongan en marcha su máquina de notoriedad. Ver sus piezas me pone enfermo, y me da la impresión de que cada vez más gente siente lo mismo que yo.

Y por si no sabéis a qué tipo de profesionales me refiero, tan sólo echad un vistazo a la galería de ESTA ILUSTRADORA es la feliz protagonista de ESTA NOTICIA

Si queréis leer el artículo que escribí en febrero de 2018, podéis visitar el blog de Colectivo Miga o directamente pinchar en ESTE ENLACE.

Recalculando ruta – Procesos

Recalculando ruta – Procesos

Ilustración Proyectos

A principios de 2022 Bartolomé Fernández (director creativo de Un gato andaluz) contactó conmigo para colaborar con él haciendo el cartel para su nuevo corto: Recalculando ruta. Yo no pude negarme porque es un buen amigo y me encanta su trabajo.

Me puse entonces manos a la obra viendo varias veces el corto. No quiero desvelaros nada, pero el espacio donde transcurre es posiblemente su principal protagonista. La atmósfera es extraña y pesada. La tecnología y el surrealismo se mezclan para crear una situación de claustrofobia e inesperada a plena luz del día, lo que la hace tan cotidiana como terrorífica.

Mi intención es que transmitir algo parecido a la sensación que se tiene al ver el «Recalculando ruta». La tensión de sentir que algo más grande que escapa a tu control ejerce en ti un efecto tan directo como el dedo de un niño que aplasta a una hormiga.

Vinieron a mi imágenes de referentes personales como el descomunal OVNI sobre el Pentágono en uno de los cortos de Heavy Metal. Esa visión teocentrista del ojo que todo lo ve. El Gran Hermano del 1984 de George Orwell. La sensación de indefensión tras esforzarte inútilmente por ser dueño de tus actos en películas como El Show de Truman o Están vivos y portadas de discos como la de Storm Thorgerson para el  Bury the Hatchet de The Cramberries.

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Si traes esa referencia al mundo de la tecnología actual te das cuenta de que convivimos con ese ojo en el cielo. Los satélites nos vigilan, y cuando buscamos nuestra ubicación nos «señalan». Pensé que esa diminuta flecha que señala a nuestras cabezas es el implacable dedo de un Dios que nos apunta, haciéndonos sentir vulnerables antes tan desmedida señal de poder. Esa sensación se acerca a lo que puedes experimentar viendo Recalculando ruta.

El siguiente paso era elaborar un boceto. Tomando todos los datos anteriores como referencia usé varios elementos clave: una visión esquemática del espacio donde todo transcurre y una flecha de ubicación típica de un GPS o de una aplicación de geolocalización y mapas.

Mi intención era que esa pequeña flecha en el mapa se mostrara desde la perspectiva de la protagonista emulando las referencias que me vinieron a la mente en su momento. Así, debía poner una flecha enorme sobre la pequeña casa que aparece en Recalculando ruta.

Eso suponía un reto a nivel de composición: O se veía la flecha parcialmente (lo que significaría asumir el riesgo de que no se entendiera qué era) o se veía la flecha entera y la representación del escenario más pequeña (de manera que corría el riesgo de perder la visibilidad de este elemento y que no se entendiera demasiado).

Trabajé los elementos en dos bocetos vectoriales con composiciones distintas para ver cómo funcionaban y ambas me parecieron satisfactorias, así que se la pasé a Barto junto a la explicación sobre la pieza. No tardó en darme su bendición para seguir adelante.

El siguiente paso fue trabajar en elementos complementarios, la composición de la información y elementos obligatorios. Paro antes de pasar a este punto había algo que necesitaba abordar. Los colores que había elegido para el boceto habían sido muy objetivos. Me basé en los colores usados en los mapas digitales de GPSs, pero eso no apoyaba ningún tono. Era necesario ir probando con paletas de color nuevas sin perder la referencia a los mapas.

Primero hice una versión usando pinceles con texturas para quitarle parte de la frialdad del vector. Después fui probando con diferentes paletas con dos premisas: por una parte el contraste de colores para que la flecha destacara y pareciera que «aplastaba» a la casa, y por la otra que la gama usada contribuyera a ese ambiente denso y agobiante que destilaba el corto.

Tras varios intentos, decidí optar por una opción monocromática en tonos ceniza que contrastaba con el color naranja inicial para la flecha. Aunque me pareció la versión más acertada, pensé que era necesario usar otros elementos para apoyar el concepto.

Fue entonces cuando pensé en que la acción se desarrolla en una zona boscosa donde los mapas de calles y carreteras no llegan. Así que usé el recurso de las líneas que describen los mapas de relieves en los estudios orográficos del terreno. De esta manera nos ceñíamos a la simbología de los mapas y , a la vez, creábamos una textura casi psicodélica sobre la que estableceríamos los elementos principales. La doté del color naranja a un porcentaje menos para no quitarle protagonismo a elementos más relevantes.

Ya satisfecho con la parte gráfica me centré en la tipográfica y en la composición de los logos. Para la primera usé uno de los conceptos manejados durante el corto y lo acerqué al recurso de los mapas orográficos para buscar la tipografía adecuada. Así Recalculando ruta aparece en el cartel con una tipografía compuesta por varias líneas finas que dan cuerpo a los diferentes caracteres. Para el resto de los textos del cartel tiré de variaciones de la misma familia (la Big Shoulders), lo que da una cohesión al conjunto de la parte escrita del cartel.

Recalculando ruta - Cartel 1

La composición era bastante sencilla, porque los elementos pedían una distribución centrada y vertical. Así que sólo tuve que componer los elementos de manera armónica con esas directrices. El problema fue cuando me enfrenté a los formatos apaisados para banners (por ejemplo). La solución fue componer en tercios intentando nivelar los pesos con los distintos tamaños. Para eso me vino genial tener las dos opciones y usar una u otra en función de los formatos.

Cuando estuve conforme con las diferentes piezas se las mostré a Barto y me dio luz verde para generar los artes finales. Como bonus le remití fondos con los mapas orográficos y composiciones para usarlas en títulos de créditos. También para su uso como recurso en redes sociales y posibles comunicaciones digitales.

En general he disfrutado mucho de este proyecto por la completa libertad creativa por parte del director creativo, y por tener la oportunidad de colaborar con Barto en uno de sus proyectos personales. Tenéis toda la información del corto en las redes y en la web de Un gato Andaluz y en el twitter de Barto Fernández. Si queréis echarle un vistazo al trailer de «Recalculando ruta», podéis verlo justo aquí abajo.

Sobre «Comepoco»

Sobre «Comepoco»

Los cuentos de Fermín Proyectos Redacción

Comepoco es el primero de «Los cuentos de Fermín» y posiblemente una de las historias que más le gustaron. En esta entrada anterior os expuse cómo se originó el proyecto y dónde nos llevó, pero Comepoco fue el que comenzó todo esto por muchos otros factores.

Fermín (que por aquel entonces tenía casi 3 años), comenzó a tener miedo de los monstruos. Veníamos de una semana de pesadillas tras el bombardeo previo a halloween, pero aquellos días insistía con los fantasmas. Sospechaba que se escondían en cualquier lugar de la casa y que podían asustarlo en cualquier momento.

Esa noche mi mujer trabajaba hasta tarde y ambos estábamos sentados en la cocina cenando. Él me decía que no quería irse a dormir porque tenía miedo de los fantasmas, así que aparté mi plato y acerqué el taco de papeles reciclados que usábamos para hacer la lista de la compra, un edding negro a medio gastar y unas ceras gruesas del Imaginarium que él no dejaba de utilizar por aquel entonces. «No deberías tenerle miedo a los fantasmas. Te voy a contar un cuento sobre uno», le dije.

Uno de los grandes logros de Fermín en su etapa en la guardería era que estaba siempre abierto a probar cualquier fruta o verdura mientras que sus compañeros eran más reacios. Así que monté la historia sobre aquello.

Un aprendiz de fantasma que odiaba comer frutas y verduras y que se da cuenta de que no es capaz de asustar a los niños que las comen.

Mientras le iba contando el cuento él iba comiéndose su puré de verduras y yo iba ilustrando en aquellos trozos de papel lo que ocurría en la historia.

Fermín estaba muy entregado interactuando a las preguntas que le iba haciendo y que influían en la trama (como el hecho de que él mismo apareciera en el cuento) o diciéndome lo que tenía que dibujar. Mientras iba desarrollándose notaba cómo se iba relajando. Aquello estaba funcionando.

Al terminar el cuento estaba eufórico. Me preguntó si ese cuento lo había leído en algún sitio y le dije que no. Aquel cuento lo habíamos inventado entre los dos entre cucharada y cucharada.

Comepoco - bocetos

Cuando llegamos a la cama me pidió que le contara otro y le dije que ya no teníamos luz para dibujar ni mesa para apoyarme, así que lo dejaríamos para el día siguiente. Lo aceptó pero me pidió que le contara de nuevo el cuento mientras iba jugando con los dibujos. Así lo hice.

Aquella noche no tuvo ninguna pesadilla. Pudimos dormir tranquilamente toda la familia.

A la mañana siguiente ordenamos los dibujos, los numeramos y los grapamos para convertirlos en un pequeño libro. Él mismo le contó a su madre el cuento en cuanto tuvo oportunidad. A la vista de lo sucedido decidí hacer un trato con él: le contaría todos los días un cuento sobre un personaje que temiera para que se diera cuenta de que no debe tenerles miedo. De esta manera nacieron «Los cuentos de Fermín».

Durante las siguientes semanas continuamos con los personajes terroríficos que él elegía. Una momia, un vampiro, una bruja, el hombre invisible… Todos tuvieron su cuento, pero muy pocos de ellos fueron reclamados para que se lo contara de nuevo en la cama. Comepoco fue de lejos uno de los más solicitados.

Comepoco - mesa

Otra de los temas que se trataban en el cuento era el propio miedo. Por un lado están personajes que causan miedo y que pueden sentirlo también. Eso los hacía más cercanos y vulnerables. Por otra parte traté una situación en la que el personaje tiene que parar para reflexionar sobre su problema y encontrar una solución afrontando sus temores. Esta última situación nos ha servido de ejemplo para ilustrar muchos otros problemas a los que Fermín se ha tenido que enfrentar más tarde.

Este fantasma (en una versión más refinada) apareció como guiño en la invitación a la fiesta de su tercer cumpleaños que hice para mandar por Whatsapp a los padres de sus compañeros un par de meses después. A las puertas de las navidades les dijimos que podían venir a su cumpleaños vestidos de monstruos. Y aquel fue el final de las pesadillas recurrentes y los miedos a los monstruos. Todos tenían su pequeña historia que los sacaban de las sombras para hacerlos más cercanos y entrañables.

Comepoco - invitación

A lo largo de estos tres años hemos ido puliendo detalles. Aparece una bruja en el cuento que Fermín decidió que sería la protagonista de otro cuento. La historia pasó de llamarse «El fantasma Comepoco» a tan sólo sólo «Comepoco». Hemos ido añadiendo y restando ingredientes a los diferentes platos que aparecen en el cuento. Cuando Fermín cumplió 5 años cerramos la versión definitiva junto al resto de los cuentos de la colección, y pronto pasamos de contar cuentos a leer cuentos.

…Y ahora compartimos esta historia con vosotros.

Compeoco - portada completa
Está estructurada como un cuento ilustrado de 8 páginas (más cubiertas) y redactado en español para que un adulto se lo lea a un niño o una niña de 3 a 6 años (básicamente porque comprende las edades en las que se lo he contado a Fermín). También está registrado y distribuido bajo la licencia Creative Commons, para que pueda ser compartido y remezclado siempre que se cite la fuente original y mientras no sea para uso comercial.

Podéis adquirir Comepoco en la tienda en versión digital (PDF) por un mínimo de 3€ y un máximo de 30€. He dejado el precio abierto para que paguéis lo que consideréis justo y aportéis al proyecto lo que creáis oportuno. PULSAD AQUÍ PARA IR AL PRODUCTO DIRECTAMENTE.

Tanto Fermín como yo esperamos de corazón que os guste. Y si no os gusta, al menos lo habréis probado 😉

Los cuentos de Fermín

Los cuentos de Fermín

Ilustración Los cuentos de Fermín Proyectos Redacción Tienda online

Hace tiempo que llevo planeando cómo hacer esto correctamente. Llevo casi cuatro años enfrascado en uno de mis proyectos más personales para que destile todo el cariño y el mimo con el que se ha gestado. Pero nunca encuentro el momento ni la situación adecuada. Eso va a cambiar pronto porque creo que no puedo alargar esta espera mucho más. Muy pronto comenzará su andadura «Los cuentos de Fermín».

Este proyecto nace cuando en Halloween de 2017, mi hijo Fermín comenzó a darse cuenta de que aquellos personajes que se representaban en cualquier manifestación sobre esta festividad eran monstruos que causaban terror. Inmediatamente comenzó a tener pesadillas con fantasmas, vampiros, brujas, etc. Mi mujer y yo hablábamos con él y hacíamos actividades para familiarizarlo con esos personajes: Disfrazarnos de ellos, dibujarlos haciendo cosas ridículas, ver animación infantil que los incluyera… pero nada servía.

Una noche se me ocurrió inventarme un cuento sobre uno de estos personajes e ir ilustrándolo a tiempo real mientras lo contaba. Intenté humanizarlo y lo asocié a los problemas que él mismo encontraba en su día a día, e incluso les dábamos nombres de personas de nuestro entorno para haceros más familiares. Al terminar él estaba encantado. Al llegar a la cama me pidió que se lo repitiera mientras hojeaba los dibujos que había hecho.

Cuando terminé le propuse un trato. Todas las noches al acostarse le contaría un cuento que me inventara siempre que uno de sus protagonistas fuera algo o alguien que le causara pesadillas.

Y así fue. Durante unas semanas nos fuimos inventando cuentos. Él planteaba la situación inicial o el personaje a tratar y yo estructuraba el relato conforme lo iba contando. Él podía intervenir en cualquier momento y añadir un giro o un personaje. Esto dio lugar a que los cuentos se entrelazaran al empezar a aparecer personajes de otros relatos que ya habíamos inventado. Así creamos un pequeño y personal universo.

Desde aquel momento Fermín dejó de tener pesadillas con monstruos a tener sueños con ellos. Pero la cosa no quedó ahí.

Fermín pronto se cansó de que los cuentos se ciñesen a personajes terribles. Así que pronto incorporamos animales, personajes de cuentos clásicos, personas reales y crossovers con series de animación que veía habitualmente. También abrimos el espectro y empezamos a inventarnos poesías, trabalenguas, adivinanzas… Y ya no era suficiente uno cada noche, sino que aceptamos el reto de inventarnos dos por noche.

Durante tres años ese fue nuestro día a día. Pero, aunque todas las noches había nuevas emociones, de vez en cuando me pedía que recuperásemos algún cuento que le hubiera gustado especialmente. Y fue entonces cuando me di cuenta de que sería maravilloso conservar esos cuentos destacados para que no se perdieran en aquel mar de historias.

De esta manera comencé a redactar los cuentos que más se repetían, hasta completar un buen puñado de ellos. Cuando los tenía escritos se los leía de vez en cuando por si quería añadir algo más o se me olvidaba algún matiz que él consideraba destacable.

También me pedía que le contase aquellos cuentos a familiares, e incluso él mismo los contaba en su colegio cuando tenía la oportunidad. Así que decidimos que quizás fuera buena idea publicarlos de alguna manera y compartirlos para que otros niños también pudieran disfrutarlos.

Por aquel entonces uno de sus libros favoritos era «Pájaro Amarillo» de Olga de Dios porque cuando estaba en la guardería fui a leérselo a sus compañeros de clase. Así que todo aquello de compartir lo tenía a flor de piel.

Durante un tiempo dejé el proyecto aparcado tan sólo para revisar los textos en varias ocasiones para adaptarlos a un lenguaje escrito comprensible para niños de su edad. En 2020 llegó la pandemia de la Covid-19 y pasamos muchísimo tiempo juntos en casa. Así que decidí retomarlo para cerrar una maquetación e ilustrar el primero de los cuentos. El elegido fue aquel primer relato que compartimos entre cucharada y cucharada de puré de verduras.

Intenté dedicarle todo el tiempo y el mimo que me fue posible. Incluso, decidí hacer un pequeño logo de la colección digitalizando las fichas que Fermín hacía en la guardería y hacerme con un pequeño alfabeto de aquellas primeras letras que comenzaba a garabatear. Con ellas escribí el título de la colección para que su presencia en ella fuera aún más palpable.

Invitación 3 años

Esta fue la ilustración que hice para la fiesta de su tercer cumpleaños.

También fabriqué una brocha digital y testé el estilo en algunos proyectos como en el reto de Puño, el mi aportación a «Follar en tiempos de COVID» de Sextories (así como en las viñetas que hice para su Sextreaming Party), en algunas piezas personales y en algún proyecto que aún no puedo desvelar. Para los colores usé las gamas que ideé para las invitaciones a su tercer y cuarto cumpleaños.

Sin demasiadas pretensiones lo estructuré como un cuento ilustrado para que los padres se lo contaran a sus hijos a pie de cama, tal y como yo hice en su día. Mi intención era en ese momento publicarlo en este blog con descarga gratuita bajo licencia de Creative Commons, pero casi todos me recomendaron que tentara a alguna editorial.

No sé si estáis al corriente, pero el panorama editorial infantil es muy jodido. Las editoriales reciben manuscritos a espuertas y la mayoría de ellas ha optado por abrir concursos donde lavarse las manitas y no tener que justificar cada uno de los trabajos rechazados. Además, las condiciones son bastante chungas en cuanto a dotaciones económicas y condiciones de royalties sobre tiradas ridículas para no pillarse los dedos.

Como es ya normal en el sector, el autor o autores sólo perciben un 10% del precio de cada ejemplar vendido (5% si sólo has ilustrado o escrito el cuento a compartir con ilustradores que suelen estar en nómina de la propia editorial). A eso se añade el pifostio de las presentaciones, la distribución, las copias que te «dan» para que tú las vendas como buenamente puedas, y todas las manitas que vienen a cambiar el contenido de lo que has presentado.

El panorama es desalentador para los autores, que obtienen unos beneficios mínimos por unas obras que sin ellos no habían existido. La mayor parte del pastel se las reparten quienes comercian tan sólo con el papel y la tinta.

Mi recopilación de cuentos no entraba en los formatos más rentables para las editoriales. No eran álbumes ilustrados dirigidos a primeros lectores o a padres nostálgicos. Yo no era ningún influencer ni tenía nada reseñable publicado en este nicho. Así que no me sorprendió cuando mandé el manuscrito y el proyecto a más de 40 editoriales y ninguna me dio una respuesta positiva.

La mayoría de ellas tardaban meses en responder, y cuando lo hacían era para decirme que tumbaban mi proyecto o que me planteara adaptarlo para participar en uno de sus concursos.

Es cierto que hay editoriales que están abiertas a publicar manuscritos tal y como vienen, pero normalmente te proponen una coedición. Eso supone que tú, además de cobrar una miseria por tu trabajo como autor, tiene que hacer un gran porcentaje del trabajo que debe desempeñar una editorial. Y en menos de lo que te esperas estás llamando a las librerías para intentar cerrar una presentación mientras le suplicas a la editorial que te manden un os ejemplares y algo de eco en sus redes para que venga alguien.

Me di 6 meses de plazo para que alguien se interesara por «Los cuentos de Fermín» o al menos por ese primer cuento. El plazo terminó en septiembre de 2021, y fue entonces cuando tomé conciencia de que tocaba una vez más aferrarse a la autoedición. El fanzinero en mí despertó de su letargo.

Ahora que había escogido la vía de la autoedición me tenía que plantear retomar la idea de la descarga en PDF ¿Sería bonito que estuviera editado en papel y que los niños pudieran tocar y hojear el cuento? Sí ¿Estaba dispuesto a imprimir un número de copias y almacenarlas para luego enviarlas por correo o entregarlas en mano a cada comprador? Las pilas de camisetas que siguen encerradas en mi armario indicaban que no era la mejor opción. Pero visto lo visto no quería que fuera gratis.

El trabajo de creación, redacción, ilustración, revisión, maquetación y promoción no deberían ser gratis. No es justo que el trabajo de un autor se distribuya felizmente en detrimento del panorama para los creadores, ya jodido de por sí. Si quería dedicar tiempo y energías en continuar la colección debía ponerlo en valor. Así que tomé una decisión: dejar un precio abierto con un mínimo cerrado.

No voy a comenzar un crowdfunding un Verkami porque no creo que sea un proyecto que necesite tan sólo financiación. No voy a abrirme un Patreon porque terminaría decepcionando a todos los mecenas por no compartir con ellos tanto material ni con la asiduidad necesaria. Y lo del Ko-Fi, viendo mi repercusión en redes seguro que no me llegaría ni para manchar la leche. De manera que la manera de apoyar tanto al proyecto como a los autores está en el precio. Es como pedir un mínimo y «la voluntad».

El mínimo lo he establecido calculando lo que cobraría un autor e ilustrador si lo publicara con una editorial (un 10% del precio final, como he comentado antes). Además, he añadido un margen más por lo que cobrarían un diseñador y un publicista por darle forma y promocionar el cuento dividido entre una tirada de 1000 ejemplares que pudiera hacer una editorial (siendo muy generosa). El precio total del mínimo será de 3€, pero he establecido un máximo de 30€ para que el comprador pague el precio que considere justo por la obra sin volverse loco. De esa manera puede formar parte de esta aventura.

Ya sólo queda anunciaros que el primero de los cuento verá la luz a principios de diciembre y que lo anunciaré a bombo y platillo cuando llegue el momento. Lo podréis comprar y descargar a través de mi tienda online.

Espero que os gusten los cuentos. Tanto a Fermín como a mí nos hace muchísima ilusión que este proyecto salga adelante. Y ¿quién sabe? A lo mejor leyéndolos también dejáis de tener pesadillas.

Society6 – Here They Come

Society 6 Tienda online

Desde que comencé a hacer el proyecto de Domestika sobre patterns vi el potencial de la trama que titulé Here They Come para su uso en productos. He tardado unos meses en llevarlo a la práctica pero ya está disponible en mi  tienda en de Society6. Ojalá sirva para que se activen un poquito las ventas.

Hay una cosa jodida en Society 6 y es que no puedes meter en las descripciones o en los tags palabras que impliquen una marca o algo que lleve un copiright detrás, así que he tenido que hacer malabares con mi limitado inglés para que pueda describir lo que aparece en esta trama con la intención de colocar algo y ganarme unas perrillas.

Lo bueno es que esta es mi página web y puedo poner en ella todo lo que me salga de los cojones. Así que os adelanto que podéis ver en esta trama sucedáneos de King Kong, Godzilla, Mothra, Marshmallow Man de Cazafantasmas, Un mecha rollo Gudam o Mazinger Z, un OVNI como los de las películas de ciencia ficción de los 60s y más detallicos.

Hay muchos de los diseños que me encantaría tener para mi mismo, pero en esta ocasión he querido destacar cuatro para incluirlos en mi tienda online: Los stickers, el lámina, la tote bag y los posavasos. Son más de los habituales, pero creo que muestran el potencial del pattern en diferentes productos.

Pasad por la tienda en S6 o mi tienda online y dejaros algo de suelto. Hay para todos los bolsillos y gustos, pero no olvidéis que siempre hay mil descuentos activos. Que no os echen para atrás los gastos de envío.

¡A COMPRAR SE DIJO!