Se lo debes a Internet – Colectivo Miga

Se lo debes a Internet – Colectivo Miga

Colectivo Miga Opinión

Corría enero de 2016 cuando publiqué un artículo en el blog de Colectivo Miga al respecto de un fenómeno que me tenía bastante mosqueado.

Si echabas un vistazo a tu muro veías que las agencias de publicidad y estudios de diseño no paraban de publicar contenido en sus redes pero el 99% era ajeno. Lo peor de todo es que ese contenido normalmente coincidía. Se dedicaban a fusilar sistemáticamente las publicaciones de portales y páginas específicos, y todos terminaban bebiendo de la misma fuente.

Esto me hizo pensar en la relación que tenemos con internet. En la mayoría de casos es un contenido pasivo. Sólo consumimos lo que nos va cayendo en los ojos, tal y como si fuera una televisión. Luego están los que aportan siguiendo un flujo o unas tendencias. Hacen lo que todos. Y por último están los que suben contenido nuevo.

Si esta relación se fuera sentimental, sería tremendamente injusta. Internet nos daría el oro y el moro y lo más oportuno es que nosotros le correspondiéramos. En un usuario medio la incapacidad de aportar sería entendible, pero en el caso de agencias y estudios es especialmente sangrante.

Si te dedicas a crear ¿Con qué cara te presentas a Internet y le dices que no se te ha ocurrido nada para celebrar vuestro aniversario?

Esto se hace aún más patente cuando ves unas redes sociales plagadas de noticias y contenidos de calidad para luego entrar en el apartado de trabajos de la web de la agencia en cuestión y que se te caigan los palos del sombrajo.

Pero no te preocupes, puedes arreglarlo. Aún estás a tiempo de reservarle una parte del esfuerzo que haces en meter las narices en los contenidos de otros perfiles en crear algo propio y así equilibrar un poco la balanza.

Si os apetece leer el artículo podéis hacerlo en este enlace o entrando en el blog de Colectivo Miga.

Mi primer y último Inktober

Ilustración Proyectos Retos

Hace tiempo que el reto del Inktober está circulando y siempre me ha parecido atractivo, pero siempre he tenido miserias que me han impedido subirme al carro. Este año no era una excepción pero me cargue de motivación y ganas de complicarme la existencia y decidí afrontarlo.

Para quien no lo sepa Inktober es una iniciativa del ilustrador Jake Parker. Un día decidió plantarse un reto para mejorar sus aptitudes en el manejo de la tinta y se propuso hacer una ilustración usando sólo tinta (y algo de lápiz para los bocetos) cada día durante todo el mes de octubre y compartirla a través de las redes sociales con el hashtag #inktober para que los que se sumaran a la iniciativa pudieran intercambiar consejos y experiencias.

Y a fe que así fue. En unos años la comunidad de ilustradores se lanzó a hacer este reto ganando en visibilidad y práctica con esta técnica. Jake Parker había creado un monstruo y este año yo era una de sus presas.

El ilustrador que fundó este movimiento suele poner antes de empezar una guía de palabras o temas para que la inspiración no sea un problema y los participantes se centren en dibujar, pero yo soy de naturaleza masoquista y me pude dos premisas: acabar con un estuche de rotuladores Carioca Joy de 1993 que había encontrado haciendo la limpieza e inspirarme en las imágenes resultantes de poner caracteres aleatorios en el buscador de imágenes de Google. Ahí es nada.

Empecé un poco tarde pero cogí rápidamente el ritmo. Pero Jake, pichita, este reto es para la gente que no tiene más vida que ilustrar y que tiene un espacio apartado donde puede concentrarse. Yo ha tenido que pasar la mayoría del reto ilustrando por la noche, a la luz de un flexo con un trapo y en completo silencio para no despertar al chiquillo.

Además, mis premisas han potenciado aún más el reto. Tenía que pasar horas mirando imágenes sin sentido fruto de aporrear el teclado hasta que encontraba una que me inspirara una imagen, y cuando lo hacía los rotuladores estaban secos o completamente destrozados. Al final tenía que tirar de recursos gráficos que me salvaran el cuello o directamente de paciencia.

El resultado lo podéis ver en esta galería. Fui poniendo las imágenes de referencia junto a las ilustraciones conforme las iba haciendo en Facebook y también una foto en el Instagram Stories con un teaser de la ilustración completa.

Al final acabé agotado, cabreado y con 31 ilustraciones que no sé si quemar, guardar o vender. Porque, hete aquí otra de las cuestiones del Inktober, hay muchos autores que van vendiendo sus ilustraciones cuando ni si quiera aún las han terminado. Eso es un aliciente enorme, pero no es mi caso. Yo sólo soy un tipo que quería gastar sus rotuladores y el precio que he cobrado es algo más de espacio en el estudio. Seguramente haga versiones vectoriales de las ilustraciones que más me han gustado y algún que otro motivo para nuevas aventuritas gráficas.

El año que viene más (NO)