Society6 – Falocentrismo

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El otro día viví una situación en la que un grupo de maduritos babosos lamían con la mirada a un grupo de alumnas que salían de un instituto y que podrían ser sus hijas. También pude ver hace poco un vídeo en el que un par de individuos acosaban a una chica en la feria de Jerez. Todo esto no hace más que confirmar que, para muchos, todo el universo gira alrededor de su polla.

Justo por comentarios y situaciones como estas hice la ilustración Falocentrismo y, os juro que tenía pensado dejarla tal cual, pero me parece que es muy interesante darle con ella en la puta cara a esos descerebrados.

Así que he hecho una trama con sus elementos y la he subido a Society 6. De esta manera espero que llegue más allá y pueda cumplir su función haciendo recordar a esa panda de subnormales que hay vida más allá de sus gallumbos.

Podéis echar un vistazo a todos los productos para los que he adaptado esta pieza en mi perfil de Socierty 6 o visitando los productos que he destacado en mi tienda online (cuaderno y art print).

Recordad que Socierty 6 tiene muchas promociones con descuentos para ahorraros los gastos de envío.

Society6 – Hijoputa

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“Este diseño representa exactamente lo que tú eres: Un cabronazo lleno de dulzura y estilo”. Esas fueron las palabras que mi buen amigo pronunció y que hicieron que este Hijoputa se convirtiera en una de mis piezas más representativas.

La empecé aplicar en muchos soportes, pero resulta que aún no me había convertido en “El otro Samu”. Esa parte más ácida seguía en la retaguardia y sólo salía cuando me sentía en familia. En mi espacio de trabajo y en mis expresiones públicas no dejaba que ese humor jodidamente retorcido asomara el morro.

Más tarde comencé a trabajar en tiras para Ojodepez Fanzine, y decidí que ese debía ser el sitio donde me mostrara tal como soy. Así comencé a firmar como El otro Samu, y no pude ocultar mi verdadera faceta nunca más.

El tiempo fue pasando y de Ojodepez saltamos a Adobo, que era (aún más si cabe) fiel reflejo de este tipo de humor con el que tanto me identificaba. Estar a caballo entre lo absurdo y lo turbio era mi lugar feliz. Así que, en cuanto tuvimos la necesidad de crear un merchandising de Adobo propuse una el diseño para la camiseta de Hijoputa.

Para mi sorpresa todo el mundo pareció encantado y en cuanto las pusimos a la venta empezaron a volar las tallas más comunes. A día de hoy sólo quedan algunas de ellas en stock, y ese diseño quedó en la mente de muchísimas personas que se quedaron con la miel en los labios porque no encontraban su talla.

Ese día ha terminado. Ha llegado la hora de que todos tengan acceso a este diseño. Para ello he hecho las adaptaciones pertinentes a toda la ridícula gama de productos de Society6, entre la que se encuentra la icónica camiseta rosa.

Stickers, láminas, relojes, toallas y hasta putos muebles podrán ahora formar parte de vuestra vida si os animáis a hacer vuestro pedido a través de mi página en Society6 o echando un vistazo a los productos que he destacado en mi tienda online (tazas, posavasos y stickers). No olvidéis que aún queda alguna camiseta de Hijoputa original por si sois unos puristas.

Acordaos de que Society6 siempre tiene mil y una promociones para que os ahorréis un buen bocado de los gastos de envío. Por mi parte intento ponerlo todo bien barato, así que no me hagáis el feo y dadme todo vuestro dinero. Es lo mínimo que se despacha ¿No?

Recalculando ruta – Procesos

Recalculando ruta – Procesos

Ilustración Proyectos

A principios de 2022 Bartolomé Fernández (director creativo de Un gato andaluz) contactó conmigo para colaborar con él haciendo el cartel para su nuevo corto: Recalculando ruta. Yo no pude negarme porque es un buen amigo y me encanta su trabajo.

Me puse entonces manos a la obra viendo varias veces el corto. No quiero desvelaros nada, pero el espacio donde transcurre es posiblemente su principal protagonista. La atmósfera es extraña y pesada. La tecnología y el surrealismo se mezclan para crear una situación de claustrofobia e inesperada a plena luz del día, lo que la hace tan cotidiana como terrorífica.

Mi intención es que transmitir algo parecido a la sensación que se tiene al ver el «Recalculando ruta». La tensión de sentir que algo más grande que escapa a tu control ejerce en ti un efecto tan directo como el dedo de un niño que aplasta a una hormiga.

Vinieron a mi imágenes de referentes personales como el descomunal OVNI sobre el Pentágono en uno de los cortos de Heavy Metal. Esa visión teocentrista del ojo que todo lo ve. El Gran Hermano del 1984 de George Orwell. La sensación de indefensión tras esforzarte inútilmente por ser dueño de tus actos en películas como El Show de Truman o Están vivos y portadas de discos como la de Storm Thorgerson para el  Bury the Hatchet de The Cramberries.

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Si traes esa referencia al mundo de la tecnología actual te das cuenta de que convivimos con ese ojo en el cielo. Los satélites nos vigilan, y cuando buscamos nuestra ubicación nos «señalan». Pensé que esa diminuta flecha que señala a nuestras cabezas es el implacable dedo de un Dios que nos apunta, haciéndonos sentir vulnerables antes tan desmedida señal de poder. Esa sensación se acerca a lo que puedes experimentar viendo Recalculando ruta.

El siguiente paso era elaborar un boceto. Tomando todos los datos anteriores como referencia usé varios elementos clave: una visión esquemática del espacio donde todo transcurre y una flecha de ubicación típica de un GPS o de una aplicación de geolocalización y mapas.

Mi intención era que esa pequeña flecha en el mapa se mostrara desde la perspectiva de la protagonista emulando las referencias que me vinieron a la mente en su momento. Así, debía poner una flecha enorme sobre la pequeña casa que aparece en Recalculando ruta.

Eso suponía un reto a nivel de composición: O se veía la flecha parcialmente (lo que significaría asumir el riesgo de que no se entendiera qué era) o se veía la flecha entera y la representación del escenario más pequeña (de manera que corría el riesgo de perder la visibilidad de este elemento y que no se entendiera demasiado).

Trabajé los elementos en dos bocetos vectoriales con composiciones distintas para ver cómo funcionaban y ambas me parecieron satisfactorias, así que se la pasé a Barto junto a la explicación sobre la pieza. No tardó en darme su bendición para seguir adelante.

El siguiente paso fue trabajar en elementos complementarios, la composición de la información y elementos obligatorios. Paro antes de pasar a este punto había algo que necesitaba abordar. Los colores que había elegido para el boceto habían sido muy objetivos. Me basé en los colores usados en los mapas digitales de GPSs, pero eso no apoyaba ningún tono. Era necesario ir probando con paletas de color nuevas sin perder la referencia a los mapas.

Primero hice una versión usando pinceles con texturas para quitarle parte de la frialdad del vector. Después fui probando con diferentes paletas con dos premisas: por una parte el contraste de colores para que la flecha destacara y pareciera que «aplastaba» a la casa, y por la otra que la gama usada contribuyera a ese ambiente denso y agobiante que destilaba el corto.

Tras varios intentos, decidí optar por una opción monocromática en tonos ceniza que contrastaba con el color naranja inicial para la flecha. Aunque me pareció la versión más acertada, pensé que era necesario usar otros elementos para apoyar el concepto.

Fue entonces cuando pensé en que la acción se desarrolla en una zona boscosa donde los mapas de calles y carreteras no llegan. Así que usé el recurso de las líneas que describen los mapas de relieves en los estudios orográficos del terreno. De esta manera nos ceñíamos a la simbología de los mapas y , a la vez, creábamos una textura casi psicodélica sobre la que estableceríamos los elementos principales. La doté del color naranja a un porcentaje menos para no quitarle protagonismo a elementos más relevantes.

Ya satisfecho con la parte gráfica me centré en la tipográfica y en la composición de los logos. Para la primera usé uno de los conceptos manejados durante el corto y lo acerqué al recurso de los mapas orográficos para buscar la tipografía adecuada. Así Recalculando ruta aparece en el cartel con una tipografía compuesta por varias líneas finas que dan cuerpo a los diferentes caracteres. Para el resto de los textos del cartel tiré de variaciones de la misma familia (la Big Shoulders), lo que da una cohesión al conjunto de la parte escrita del cartel.

Recalculando ruta - Cartel 1

La composición era bastante sencilla, porque los elementos pedían una distribución centrada y vertical. Así que sólo tuve que componer los elementos de manera armónica con esas directrices. El problema fue cuando me enfrenté a los formatos apaisados para banners (por ejemplo). La solución fue componer en tercios intentando nivelar los pesos con los distintos tamaños. Para eso me vino genial tener las dos opciones y usar una u otra en función de los formatos.

Cuando estuve conforme con las diferentes piezas se las mostré a Barto y me dio luz verde para generar los artes finales. Como bonus le remití fondos con los mapas orográficos y composiciones para usarlas en títulos de créditos. También para su uso como recurso en redes sociales y posibles comunicaciones digitales.

En general he disfrutado mucho de este proyecto por la completa libertad creativa por parte del director creativo, y por tener la oportunidad de colaborar con Barto en uno de sus proyectos personales. Tenéis toda la información del corto en las redes y en la web de Un gato Andaluz y en el twitter de Barto Fernández. Si queréis echarle un vistazo al trailer de «Recalculando ruta», podéis verlo justo aquí abajo.

Los cuentos de Fermín

Los cuentos de Fermín

Ilustración Los cuentos de Fermín Proyectos Redacción Tienda online

Hace tiempo que llevo planeando cómo hacer esto correctamente. Llevo casi cuatro años enfrascado en uno de mis proyectos más personales para que destile todo el cariño y el mimo con el que se ha gestado. Pero nunca encuentro el momento ni la situación adecuada. Eso va a cambiar pronto porque creo que no puedo alargar esta espera mucho más. Muy pronto comenzará su andadura «Los cuentos de Fermín».

Este proyecto nace cuando en Halloween de 2017, mi hijo Fermín comenzó a darse cuenta de que aquellos personajes que se representaban en cualquier manifestación sobre esta festividad eran monstruos que causaban terror. Inmediatamente comenzó a tener pesadillas con fantasmas, vampiros, brujas, etc. Mi mujer y yo hablábamos con él y hacíamos actividades para familiarizarlo con esos personajes: Disfrazarnos de ellos, dibujarlos haciendo cosas ridículas, ver animación infantil que los incluyera… pero nada servía.

Una noche se me ocurrió inventarme un cuento sobre uno de estos personajes e ir ilustrándolo a tiempo real mientras lo contaba. Intenté humanizarlo y lo asocié a los problemas que él mismo encontraba en su día a día, e incluso les dábamos nombres de personas de nuestro entorno para haceros más familiares. Al terminar él estaba encantado. Al llegar a la cama me pidió que se lo repitiera mientras hojeaba los dibujos que había hecho.

Cuando terminé le propuse un trato. Todas las noches al acostarse le contaría un cuento que me inventara siempre que uno de sus protagonistas fuera algo o alguien que le causara pesadillas.

Y así fue. Durante unas semanas nos fuimos inventando cuentos. Él planteaba la situación inicial o el personaje a tratar y yo estructuraba el relato conforme lo iba contando. Él podía intervenir en cualquier momento y añadir un giro o un personaje. Esto dio lugar a que los cuentos se entrelazaran al empezar a aparecer personajes de otros relatos que ya habíamos inventado. Así creamos un pequeño y personal universo.

Desde aquel momento Fermín dejó de tener pesadillas con monstruos a tener sueños con ellos. Pero la cosa no quedó ahí.

Fermín pronto se cansó de que los cuentos se ciñesen a personajes terribles. Así que pronto incorporamos animales, personajes de cuentos clásicos, personas reales y crossovers con series de animación que veía habitualmente. También abrimos el espectro y empezamos a inventarnos poesías, trabalenguas, adivinanzas… Y ya no era suficiente uno cada noche, sino que aceptamos el reto de inventarnos dos por noche.

Durante tres años ese fue nuestro día a día. Pero, aunque todas las noches había nuevas emociones, de vez en cuando me pedía que recuperásemos algún cuento que le hubiera gustado especialmente. Y fue entonces cuando me di cuenta de que sería maravilloso conservar esos cuentos destacados para que no se perdieran en aquel mar de historias.

De esta manera comencé a redactar los cuentos que más se repetían, hasta completar un buen puñado de ellos. Cuando los tenía escritos se los leía de vez en cuando por si quería añadir algo más o se me olvidaba algún matiz que él consideraba destacable.

También me pedía que le contase aquellos cuentos a familiares, e incluso él mismo los contaba en su colegio cuando tenía la oportunidad. Así que decidimos que quizás fuera buena idea publicarlos de alguna manera y compartirlos para que otros niños también pudieran disfrutarlos.

Por aquel entonces uno de sus libros favoritos era «Pájaro Amarillo» de Olga de Dios porque cuando estaba en la guardería fui a leérselo a sus compañeros de clase. Así que todo aquello de compartir lo tenía a flor de piel.

Durante un tiempo dejé el proyecto aparcado tan sólo para revisar los textos en varias ocasiones para adaptarlos a un lenguaje escrito comprensible para niños de su edad. En 2020 llegó la pandemia de la Covid-19 y pasamos muchísimo tiempo juntos en casa. Así que decidí retomarlo para cerrar una maquetación e ilustrar el primero de los cuentos. El elegido fue aquel primer relato que compartimos entre cucharada y cucharada de puré de verduras.

Intenté dedicarle todo el tiempo y el mimo que me fue posible. Incluso, decidí hacer un pequeño logo de la colección digitalizando las fichas que Fermín hacía en la guardería y hacerme con un pequeño alfabeto de aquellas primeras letras que comenzaba a garabatear. Con ellas escribí el título de la colección para que su presencia en ella fuera aún más palpable.

Invitación 3 años

Esta fue la ilustración que hice para la fiesta de su tercer cumpleaños.

También fabriqué una brocha digital y testé el estilo en algunos proyectos como en el reto de Puño, el mi aportación a «Follar en tiempos de COVID» de Sextories (así como en las viñetas que hice para su Sextreaming Party), en algunas piezas personales y en algún proyecto que aún no puedo desvelar. Para los colores usé las gamas que ideé para las invitaciones a su tercer y cuarto cumpleaños.

Sin demasiadas pretensiones lo estructuré como un cuento ilustrado para que los padres se lo contaran a sus hijos a pie de cama, tal y como yo hice en su día. Mi intención era en ese momento publicarlo en este blog con descarga gratuita bajo licencia de Creative Commons, pero casi todos me recomendaron que tentara a alguna editorial.

No sé si estáis al corriente, pero el panorama editorial infantil es muy jodido. Las editoriales reciben manuscritos a espuertas y la mayoría de ellas ha optado por abrir concursos donde lavarse las manitas y no tener que justificar cada uno de los trabajos rechazados. Además, las condiciones son bastante chungas en cuanto a dotaciones económicas y condiciones de royalties sobre tiradas ridículas para no pillarse los dedos.

Como es ya normal en el sector, el autor o autores sólo perciben un 10% del precio de cada ejemplar vendido (5% si sólo has ilustrado o escrito el cuento a compartir con ilustradores que suelen estar en nómina de la propia editorial). A eso se añade el pifostio de las presentaciones, la distribución, las copias que te «dan» para que tú las vendas como buenamente puedas, y todas las manitas que vienen a cambiar el contenido de lo que has presentado.

El panorama es desalentador para los autores, que obtienen unos beneficios mínimos por unas obras que sin ellos no habían existido. La mayor parte del pastel se las reparten quienes comercian tan sólo con el papel y la tinta.

Mi recopilación de cuentos no entraba en los formatos más rentables para las editoriales. No eran álbumes ilustrados dirigidos a primeros lectores o a padres nostálgicos. Yo no era ningún influencer ni tenía nada reseñable publicado en este nicho. Así que no me sorprendió cuando mandé el manuscrito y el proyecto a más de 40 editoriales y ninguna me dio una respuesta positiva.

La mayoría de ellas tardaban meses en responder, y cuando lo hacían era para decirme que tumbaban mi proyecto o que me planteara adaptarlo para participar en uno de sus concursos.

Es cierto que hay editoriales que están abiertas a publicar manuscritos tal y como vienen, pero normalmente te proponen una coedición. Eso supone que tú, además de cobrar una miseria por tu trabajo como autor, tiene que hacer un gran porcentaje del trabajo que debe desempeñar una editorial. Y en menos de lo que te esperas estás llamando a las librerías para intentar cerrar una presentación mientras le suplicas a la editorial que te manden un os ejemplares y algo de eco en sus redes para que venga alguien.

Me di 6 meses de plazo para que alguien se interesara por «Los cuentos de Fermín» o al menos por ese primer cuento. El plazo terminó en septiembre de 2021, y fue entonces cuando tomé conciencia de que tocaba una vez más aferrarse a la autoedición. El fanzinero en mí despertó de su letargo.

Ahora que había escogido la vía de la autoedición me tenía que plantear retomar la idea de la descarga en PDF ¿Sería bonito que estuviera editado en papel y que los niños pudieran tocar y hojear el cuento? Sí ¿Estaba dispuesto a imprimir un número de copias y almacenarlas para luego enviarlas por correo o entregarlas en mano a cada comprador? Las pilas de camisetas que siguen encerradas en mi armario indicaban que no era la mejor opción. Pero visto lo visto no quería que fuera gratis.

El trabajo de creación, redacción, ilustración, revisión, maquetación y promoción no deberían ser gratis. No es justo que el trabajo de un autor se distribuya felizmente en detrimento del panorama para los creadores, ya jodido de por sí. Si quería dedicar tiempo y energías en continuar la colección debía ponerlo en valor. Así que tomé una decisión: dejar un precio abierto con un mínimo cerrado.

No voy a comenzar un crowdfunding un Verkami porque no creo que sea un proyecto que necesite tan sólo financiación. No voy a abrirme un Patreon porque terminaría decepcionando a todos los mecenas por no compartir con ellos tanto material ni con la asiduidad necesaria. Y lo del Ko-Fi, viendo mi repercusión en redes seguro que no me llegaría ni para manchar la leche. De manera que la manera de apoyar tanto al proyecto como a los autores está en el precio. Es como pedir un mínimo y «la voluntad».

El mínimo lo he establecido calculando lo que cobraría un autor e ilustrador si lo publicara con una editorial (un 10% del precio final, como he comentado antes). Además, he añadido un margen más por lo que cobrarían un diseñador y un publicista por darle forma y promocionar el cuento dividido entre una tirada de 1000 ejemplares que pudiera hacer una editorial (siendo muy generosa). El precio total del mínimo será de 3€, pero he establecido un máximo de 30€ para que el comprador pague el precio que considere justo por la obra sin volverse loco. De esa manera puede formar parte de esta aventura.

Ya sólo queda anunciaros que el primero de los cuento verá la luz a principios de diciembre y que lo anunciaré a bombo y platillo cuando llegue el momento. Lo podréis comprar y descargar a través de mi tienda online.

Espero que os gusten los cuentos. Tanto a Fermín como a mí nos hace muchísima ilusión que este proyecto salga adelante. Y ¿quién sabe? A lo mejor leyéndolos también dejáis de tener pesadillas.

Society6 – Here They Come

Society 6 Tienda online

Desde que comencé a hacer el proyecto de Domestika sobre patterns vi el potencial de la trama que titulé Here They Come para su uso en productos. He tardado unos meses en llevarlo a la práctica pero ya está disponible en mi  tienda en de Society6. Ojalá sirva para que se activen un poquito las ventas.

Hay una cosa jodida en Society 6 y es que no puedes meter en las descripciones o en los tags palabras que impliquen una marca o algo que lleve un copiright detrás, así que he tenido que hacer malabares con mi limitado inglés para que pueda describir lo que aparece en esta trama con la intención de colocar algo y ganarme unas perrillas.

Lo bueno es que esta es mi página web y puedo poner en ella todo lo que me salga de los cojones. Así que os adelanto que podéis ver en esta trama sucedáneos de King Kong, Godzilla, Mothra, Marshmallow Man de Cazafantasmas, Un mecha rollo Gudam o Mazinger Z, un OVNI como los de las películas de ciencia ficción de los 60s y más detallicos.

Hay muchos de los diseños que me encantaría tener para mi mismo, pero en esta ocasión he querido destacar cuatro para incluirlos en mi tienda online: Los stickers, el lámina, la tote bag y los posavasos. Son más de los habituales, pero creo que muestran el potencial del pattern en diferentes productos.

Pasad por la tienda en S6 o mi tienda online y dejaros algo de suelto. Hay para todos los bolsillos y gustos, pero no olvidéis que siempre hay mil descuentos activos. Que no os echen para atrás los gastos de envío.

¡A COMPRAR SE DIJO!

Society6 – Como brécol

Society 6 Tienda online

Dos años hace que abrí  tienda en de Society6. En este tiempo he tenido muy poquitas ventas, pero son más que suficientes como para empujarme a seguir subiendo ilustraciones y diseños para daros la opción a acceder a ellos si os gustan especialmente.

Hace un par de años hice una textura con vectores imitando formas orgánicas y arrugas para terminar dándoles un colorcillo verde. Al subirla a la tienda no tenía ni idea de cómo nombrarla, pero como parecía brécol la terminé llamando «Como brécol» (no de «comer», sino de «parecerse a»).

Aproveché el curso de Domestika que he terminado hace poco para convertirla en una trama y así poder extender esas adorables arruguillas hasta el infinito.

El diseño me recuerda un poco a un logo que hice hace tiempo para una agencia de publicidad con textura de «pellejonabo». No lo aceptaron, pero a juzgar por la catadura moral de sus integrantes le hubiera venido de puta madre.

El caso es que ya podéis pillaros alguno de los innumerables productos que hay con esta texturilla. Podéis verlos todos en mi tienda de s6 o en los productos destacados (cojín y camiseta) en mi tienda online.

No olvidéis dos cosas: la primera es que en S6 hacen muchos descuentos y que al final os sale a cuenta pagar los gastos de envío en los productos más baraticos, y la segunda es que comáis mucha fruta y verdura para manteneros sanos y con energía para cotizar.

¡A COMPRAR YA HOMBRE YA!

Domestika – «Pattern Design analógico y digital» – Here they come

Domestika – «Pattern Design analógico y digital» – Here they come

Domestika Ilustración Proyectos

En más de una ocasión me he visto diseñando un patrón para un packaging o para cualquier campaña de publicidad y, aunque era complicado colárselo a un cliente, disfrutaba muchísimo haciéndolos. Por eso decidí realizar el curso «Pattern design analógico y digital» de Juan Díaz-Faes en Domestika, y estoy contentísimo con el resultado. Tanto por los conocimientos adquiridos como por el resultado y realización de las diferentes prácticas.

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La primera de ellas fue diseñar un pattern cuadrado en Adobe Illustrator para usar como fondo en Whatsapp. El punto de partida eran emojis, así que les di una vuelta y pensé en cómo serían los emojis hoy en día si se hubieran basado en las pintadas que podías ver por las paredes en los 80s y 90s, cuando yo era un mozo. La esvástica-fail, el 6 y el 4, la berenjena polla, el melocotón culo, la botella rota, la empanadilla, el paquete de tabaco, la botella rota, el emoji de cicatriz… Una buena mezcla. primero las hice en papel y más tarde las digitalicé y volvía  trazar con vectores.

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En la segunda de las prácticas subimos un poco más el listón y usamos el pattern hexagonal. como base se planteó usar un logo, pero hacía poco que había publicado la entrada de «Se lo debes a Internet» para Colectivo Miga y quise usar la taza de infusión y así jugar con los posavasos para simular la ingravidez.

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El la tercera de las prácticas debíamos diseñar las guardas para un libro con un patrón cuadrado en Photoshop sencillo. Como siempre tengo a mano mi libro de grabados de Goya, decidí hacer unas para un libro sobre el mismo tema. Tomé como base «El sueño de la razón produce monstruos» y usé algunos de los elementos que aparecían en él para construir la trama. Usé un pincel de Crayon que hice expresamente para proyectos infantiles y que le da a esos trazos tan fríos algo de textura. El pattern resultante resultó más geométrico de lo que me planteé en un principio, pero quedé muy satisfecho.

Cuando ya estaba cómodo con la metodología la cosa do un vuelco y tocó hacer un pattern analógico. Como punto de partida Juan hizo un cavado de sellos muy sencillo para estampar en un cojín, pero yo no estaba dispuesto a gastarme pasta en ese material. Así que me tocó solventarlo tirando de reciclaje e imaginación.

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Primero hice un diseño sencillo de patrón con cuatro «iconos» de utensilios de cocina que más tarde iría rotando para conseguir que la trama no fuera especialmente monótona. Después pillé un trozo de goma eva amarilla que teníamos por casa de la elaboración de algún disfraz escolar de Fermín. Recorté las piezas y las pegué más tarde con una pistola de silicona sobre un tapón de agua mineral que rondaba por casa. Dibujé una guía en la parte posterior para controlar el sentido del sello y usé una almohadilla con tinta que rondaba por casa y que compré (o robé) en algún momento para impregnar de tinta el sello y estamparlo sobre un pliego de papel kraft que posiblemente use para forrar las portadas de un recetario.

Con los dedos aún manchados de tinta abordamos con ansia el proyecto final: Un pattern cuadrado complejo en Photoshop. Perpetré este proyecto tomando tres referencias: la primera fueron esas ilustraciones de pueblecitos y ciudades con una línea sencilla y que muchos hemos hecho en el colegio en clase de plástica, en segundo lugar las películas y series de monstruos titánicos que vienen a cargarse el puto planeta a base de pisotones (Godzilla, King Kong, Cazafantasmas, Mazinger Z…) y por último los libros de «¿Dónde está Wally?» de Martin Handford.

Con estas referencias pretendía crear un rapport de una ciudad y en ella perder a todos los monstruos gigantes pero que el espectador se dedicara a encontrarlos mientras pasean la vista por los edificios. Pero para conseguirlo necesitaba seguir diferentes pasos.

El primero es crear el rapport de la ciudad y separar las hileras de edificios por capas para poder situar luego a los monstruos. Más tarde hacer mi particular versión de los monstruos teniendo en cuenta que todos sean de proporciones parecidas entre sí y con los edificios. Después toca perderlos entre las hileras de edificios para que no se concentren todos en el mismo sitio y finalmente componer los diferentes rapports para generar el pattern completo.

En este caso también era necesario aplicar color, así que usé un bitono rojo y azul en sus matices más cercanos y menos saturados para que no destacaran demasiado unos elementos sobre otros. Así, apliqué sombras en la vegetación y luces en las ventanas (además de en los propios monstruos). También usé un pincel para Adobe Photoshop creados por Del Hambre y que estaba de descarga gratuita en Domestika con motivo de su curso. El resultado es una trama homogénea sonde entretenerse un buen rato.

Para complementarlo hice un logotipo en Illustrator con una tipografía acorde al tema y que pone nombre al proyecto «Here they come» (parafraseando a uno de mis grupos favoritos en la adolescencia: Primus) y lo volví a trazar con el pincel en Photoshop. De esta manera tenemos los rapports para crear tramas y texturas, los monstruos aislados y el texto para jugar y componer las diferentes piezas.


A la hora de aplicarlo sobre diferentes productos y soportes, se hace patente que el uso más interesante es el que se hace a una sola tinta, pero los tonos pastel de la versión a color resulta perfecta como estampado infantil.

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En definitiva, estoy muy contento de haber hecho este curso y, no sólo haber mejorado en la creación de esta técnica, sino que lo he pasado genial aprendiendo y haciendo los diferentes proyectos. Me pongo la camiseta de Wallapop para decir «100% recomendable».