Lo que lo está petando – Colectivo Miga

Lo que lo está petando – Colectivo Miga

Colectivo Miga Opinión

En 2015 publiqué un artículo en el blog de Colectivo Miga como resultado de tener que soportar el enésimo spot de “un señor rapeando”. Pensé que en algún momento la agencia se debió encontrar con un cliente que les diría “¿Sabéis lo que lo está petando? El rap”.

Y es que en los albores de la publicidad un cliente pensó “¿quién va a saber qué es lo mejor para mi marca que yo mismo?“. Y ese fue el momento en el que los publicistas pasaron de ser expertos a ser meros operadores.

Puede que el caso más palpable se de cuando ese mismo cliente hoy en día cree estar más informado sobre tendencias que todo un equipo de profesionales expertos. El poder del comentario de un sobrino, un meme vía whatsapp o simplemente los gustos personales del cliente, son irrebatibles. Cuando un cliente dice “¿Sabéis lo que lo está petando…?” echaros a temblar.

Hoy podemos ver tremendas aberraciones en todos los medios en bajo el grito “es mi marca y me la follo cuando quiero”. De aquellos polvos vienen estos lodos, y es que los clientes se ven capacitados para tirar una campaña bien estructurada al suelo sin demasiados motivos de peso.

La formación de los profesionales, los estudios de mercado, la investigación sobre tendencias… Eso para el cliente no son argumentos válidos cuando decide que el rumbo de la campaña lo elige él.

¿Y qué le vamos a hacer? El cliente paga por un asesoramiento y un trabajo profesional, más tarde impide que los asesores y que hagas un trabajo profesional, pero él insiste en seguir pagando sólo si haces lo que él te diga.

Llámalo prostitución, darle lo que quiere, salirse con la suya… Por una mera cuestión de supervivencia al final los profesionales ceden y cobran, y el cliente es feliz diciéndole a la gente “ese anuncio lo he hecho yo”.

Podéis leer el artículo en este enlace o entrando en el blog de Colectivo Miga.

El síndrome del efecto 2000 – Colectivo Miga

El síndrome del efecto 2000 – Colectivo Miga

Colectivo Miga Opinión

¿No tienes la sensación de que hay un muro que separa físicamente el 2020 del 2021? Esto ocurre todos los años, y se traduce en una sensación de presión en el pecho y en los timings al ver que nada de lo que te habías planteando cerrar antes de fin de año sigue en la bandeja de trabajos pendientes.

Esta sensación es lo que llamo el síndrome del efecto 2000 y que nos hizo temer lo peor porque parecía que nunca estábamos lo suficientemente preparados para el paso de 1999 a 2000. Esto nos hizo sentir que el mundo tal como lo conocíamos acabaría al terminar las campanadas, y las uvas casi se nos atragantan al ver que al final todo seguía tal cual.

En agencias, colectivos y empresas pasa algo parecido, y en diciembre de 2015 escribí este artículo con dos partes diferenciadas: una descripción en tono de documental de National Geographic de la situación, y una segunda parte con unas pautas para evitar este pequeño cataclismo que vivimos cada año, pero también cuando se acercan unas vacaciones, un evento popular, una baja de un miembro del equipo o cualquier chorrada que hace que se nos disparen las alarmas al mirar nuestra planificación de proyectos.

Podéis leer el artículo en este enlace o buscándolo entre otros artículos de la sección del blog en la web de Colectivo Miga.

Tienes un polvo

Tienes un polvo

Opinión

Hace unos meses hablaba con una buena amiga de la energía que ciertas personas desprenden y que hacen que les abras de par en par las puertas de tu intimidad. Llegado un momento me confesó que desde siempre yo le había resultado sexualmente atractivo, y justo en ese momento me di cuenta de que era sólo la segunda vez que lo escuchaba en mis más de 40 años de vida.

Lo más curioso es que, al margen de lo chocante que me resultó situación, sentí que de alguna manera necesitaba escucharlo. Una parte de mi necesitaba sentirse deseado y por desgracia llevaba siendo reprimida muchísimo tiempo. Estaba tan enterrada bajo capas y capas de moralidad, baja autoestima y vergüenza que apenas me creía con derecho a provocar ese tipo de sensaciones.

La manera de comportarme y expresarme durante toda mi vida hicieron una buena parte del trabajo sucio en mi contra. He escuchado más veces la frase “¿¡Ah, pero tú no eras gay!?” que “hoy estás muy guapo”. Nací a finales de los 70s y hasta hace unos años halagar a otra persona era casi un sinónimo de que te la querías follar muy fuerte. Así que entiendo que culturalmente no es el entorno idóneo, pero lo vi en otras personas y subconscientemente me hubiera gustado formar parte de aquello.

Eso me terminó llevando a un doble callejón sin salida. Por un lado hizo que me la sudara lo que la gente opinara de mi aspecto o mi comportamiento, pero por otro lado me dejó la autoestima por los suelos. Esto me convirtió de un niño extrovertido y abierto a un adolescente bastante arisco e inseguro.

Con el tiempo encontré a una persona con la que conecté a todos los niveles y me sentí amado y deseado. Eso fue cuando tenía 19 años y aún sigo con ella. Durante muchos años aquel lastre emocional desapareció, pero estaba ahí latente.

Ante alguna dificultad o algún tropiezo salían a flote mis inseguridades y con el tiempo esa parte negativa terminó por ganar el pulso y olvidé mi lado hedonista. Perdí la pasión en todo aquello que amaba y nada me divertía, llenaba o satisfacía lo suficiente como para que mereciera la pena hacer el esfuerzo de intentar realizarlas.

Me fui cerrando puertas y aislando poniendo excusas, y me abandoné a la procrastinación y la supervivencia. Me acomodé en mi propio agujero y la mínima intención por salir de él sólo hacía que me hundiera más. Pero volvamos al momento de reencuentro con mi olvidado atractivo.

Ojo. No hay es cuestión de menospreciar la opinión de tu pareja, pero es cierto que su visión de ti va más allá de la imagen que puedas proyectar. El cariño, la rutina o la complicidad hacen flaco favor en este caso. Necesitas una mirada honesta, directa y visceral sin miedo a posibles consecuencias. En esencia la sensación que tú mismo puedas tener de una persona desconocida a simple vista.

Tienes un polvo: abrazo
Os preguntaréis cuál fue mi reacción cuando me encontré de frente con que una persona me veía atractivo. Sorprendentemente no esquivé esa bala. Las pocas loas o adulaciones (merecidas o no) durante mi vida han sido respondidas con evasivas quitándome cualquier mérito. Pero en este caso tomé consciencia de que no había excusa alguna.

Era una confesión sincera de una persona de confianza que me conocía desde hacía muchos años. Era irrefutable. Así que mi primera reacción fue decirle que me sentía adulado y agradecido. Pero no como una formalidad. Estaba profundamente agradecido porque había encontrado un punto de apoyo para intentar salir de mis miserias anímicas. El momento era el propicio y las personas implicadas estábamos emocionalmente en el mismo punto, así que para mí supuso un gran impulso.

A día de hoy intento revivir la llama de mis pasiones y encontrar algunas nuevas. Intento mirarme con otros ojos y no ser tan cruel y estricto conmigo mismo. No tengo problema en expresar y exponerme desde una perspectiva sexual. Quiero desear y sentirme deseado en todos los planos y volver a sentirme vivo, no ser un mero superviviente.

A fuerza de represión estamos infravalorando la importancia de considerarnos objetos de deseo. Es importante ser consciente de tu valor como ente follable.

Si que tu madre te diga que eres el niño más guapo del mundo (o que tu pareja te diga que te quiere mucho) ha terminado por no suponer para ti un subidón anímico, búscalo. Si lo que te pide el cuerpo es que te empotren contra la almohada en vez de que te den palmaditas en el hombro, dilo. No tengas miedo. Si tienes una polla o un coño no es sólo para que te los limpies cuando vayas a mear.

Hagamos esto; si te conozco y alguna vez te he resultado atractivo, si te has puesto tontorrona o cachondo pensando en mi, si has fantaseado conmigo alguna vez… Dímelo con sinceridad. Que no te de vergüenza. Te lo agradeceré mucho y ten por seguro que me ayudarás. Y de la misma manera, si necesitas saberlo o simplemente tienes curiosidad, pregúntame. Si estás dispuesto o dispuesta estaré encantado de decirte si para mí tienes un polvo.

Tienes un polvo: cuerpos