Los concursos de mierda crecen como setas – Colectivo Miga

Los concursos de mierda crecen como setas – Colectivo Miga

Colectivo Miga Opinión

En abril de 2017, cansado de encontrarme con cláusulas abusivas, peticiones ridículas y exigencias que rozan en lo delictivo, decidí redactar un artículo en el blog del Colectivo Miga sobre los concursos. Tomé una buena cantidad de bases de concursos públicos y los reuní en un documento para mezclarlos y conseguir una especie de “Manual para el Imperfecto Concurso”.

La sorpresa saltó cuando terminé de redactarlo y resultó que del texto original tan sólo tuve que cambiar un 15%. No os voy a ocultar que me lo pasé genial redactando estas bases, pero cuando te das cuenta de que hace falta tan poco para que un concurso real parezca un chiste, te hierve la puta sangre.

A la vista de los resultados, no es complicado darse cuenta de cuáles son los engranajes que giran para que siempre terminemos viendo la típica noticia de un cartel infumable parta unas fiestas locales fruto de un concurso de mierda pagado con dinero público y que va a parar  (casualmente) a manos de un conocido del alcalde.

Pensaréis que esta manera de actuar es exclusiva de los organismos públicos, pero nada más lejos de la realidad. En la empresa privada es aún peor si cabe. Lo que suele pasar es que ven una buena cantidad de propuestas, luego contactan con los que ofrecen el presupuesto más barato y les piden que reciclen las ideas que más les han gustado. Como veréis, una delicia.

No voy a deciros que todos los concursos sean una mierda. Son un buen recurso para hacerse un portfolio si eres un diseñador/ilustrador/publicista o para acceder a ciertos trabajos y clientes que no te puedes permitir llamando a puerta fría. Pero también os voy a decir que posiblemente sea el recurso más abusivo si eres el convocante. Sólo pagas por lo que quieres y tienes a un montón de gente currando para ti sin tener que darles ni si quiera las gracias.

Si eres una empresa, asociación u organismo público, piénsatelo dos veces. Lo que puede parecerte lo más justo y rentable, puede que sea lo más jodido para los concursantes.

Viendo cómo estaba el panorama, salió un texto bastante majo sobre el tema. Lo pensaba titular el artículo con el nombre del concurso, pero temía que nos llegaran preguntas sobre si era realidad o (peor aún) algún concursante intentando hacerse con el premio. Finalmente lo titulé “Los concursos de mierda crecen como setas”, y así nos cubríamos las espaldas.

Podéis leer el artículo completo en este enlace y ver otros en la misma línea en el blog de Colectivo Miga .

Del Bollicao al Tena Lady – Colectivo Miga

Del Bollicao al Tena Lady – Colectivo Miga

Colectivo Miga Opinión

¿Cómo os dais vosotros cuenta de que el tiempo va pasando? Mucha gente en mi entorno lo percibe cuando la ropa que había pasado de moda vuelve a la actualidad, cuando se mueren sus artistas de referencia durante su adolescencia o cuando tienes hijos y vas empujando para que maduren sin darte cuenta que tú mismo estás envejeciendo a la vez.

En mi caso uno de los indicadores es ver cómo actores que han interpretado papeles anuncios como jóvenes pasan a protagonizar otros como adultos.

Ese fue el motivo por el que escribí este artículo en el blog de Colectivo Miga  en marzo de 2017.

Primero quería rendir un sentido homenaje a todos esos actores que se han ganado los garbanzos yendo de casting en casting para protagonizar anuncios de los más variopintos productos y servicios. Indirectamente se han convertido en parte de nuestras vidas y los veamos donde los veamos siempre nos sonarán sus caras de “algo”.

En segundo lugar lo escribí para dar un pequeño repaso a mi pequeño Olimpo de actores y actrices de publicidad reseñables en mi vida. Actores con los que eché los dientes y que reconocí como parte de mi familia porque, al fin y al cabo, estaban en el salón de mi casa más tiempo que mi propia familia.

Si sois unos nostálgicos y os apetece leer el artículo “Del Bollicao al Tena Lady” podéis hacerlo en este enlace o entrando en el blog de Colectivo Miga.

Se lo debes a Internet – Colectivo Miga

Se lo debes a Internet – Colectivo Miga

Colectivo Miga Opinión

Corría enero de 2016 cuando publiqué un artículo en el blog de Colectivo Miga al respecto de un fenómeno que me tenía bastante mosqueado.

Si echabas un vistazo a tu muro veías que las agencias de publicidad y estudios de diseño no paraban de publicar contenido en sus redes pero el 99% era ajeno. Lo peor de todo es que ese contenido normalmente coincidía. Se dedicaban a fusilar sistemáticamente las publicaciones de portales y páginas específicos, y todos terminaban bebiendo de la misma fuente.

Esto me hizo pensar en la relación que tenemos con internet. En la mayoría de casos es un contenido pasivo. Sólo consumimos lo que nos va cayendo en los ojos, tal y como si fuera una televisión. Luego están los que aportan siguiendo un flujo o unas tendencias. Hacen lo que todos. Y por último están los que suben contenido nuevo.

Si esta relación se fuera sentimental, sería tremendamente injusta. Internet nos daría el oro y el moro y lo más oportuno es que nosotros le correspondiéramos. En un usuario medio la incapacidad de aportar sería entendible, pero en el caso de agencias y estudios es especialmente sangrante.

Si te dedicas a crear ¿Con qué cara te presentas a Internet y le dices que no se te ha ocurrido nada para celebrar vuestro aniversario?

Esto se hace aún más patente cuando ves unas redes sociales plagadas de noticias y contenidos de calidad para luego entrar en el apartado de trabajos de la web de la agencia en cuestión y que se te caigan los palos del sombrajo.

Pero no te preocupes, puedes arreglarlo. Aún estás a tiempo de reservarle una parte del esfuerzo que haces en meter las narices en los contenidos de otros perfiles en crear algo propio y así equilibrar un poco la balanza.

Si os apetece leer el artículo podéis hacerlo en este enlace o entrando en el blog de Colectivo Miga.

Lo que lo está petando – Colectivo Miga

Lo que lo está petando – Colectivo Miga

Colectivo Miga Opinión

En 2015 publiqué un artículo en el blog de Colectivo Miga como resultado de tener que soportar el enésimo spot de “un señor rapeando”. Pensé que en algún momento la agencia se debió encontrar con un cliente que les diría “¿Sabéis lo que lo está petando? El rap”.

Y es que en los albores de la publicidad un cliente pensó “¿quién va a saber qué es lo mejor para mi marca que yo mismo?“. Y ese fue el momento en el que los publicistas pasaron de ser expertos a ser meros operadores.

Puede que el caso más palpable se de cuando ese mismo cliente hoy en día cree estar más informado sobre tendencias que todo un equipo de profesionales expertos. El poder del comentario de un sobrino, un meme vía whatsapp o simplemente los gustos personales del cliente, son irrebatibles. Cuando un cliente dice “¿Sabéis lo que lo está petando…?” echaros a temblar.

Hoy podemos ver tremendas aberraciones en todos los medios en bajo el grito “es mi marca y me la follo cuando quiero”. De aquellos polvos vienen estos lodos, y es que los clientes se ven capacitados para tirar una campaña bien estructurada al suelo sin demasiados motivos de peso.

La formación de los profesionales, los estudios de mercado, la investigación sobre tendencias… Eso para el cliente no son argumentos válidos cuando decide que el rumbo de la campaña lo elige él.

¿Y qué le vamos a hacer? El cliente paga por un asesoramiento y un trabajo profesional, más tarde impide que los asesores y que hagas un trabajo profesional, pero él insiste en seguir pagando sólo si haces lo que él te diga.

Llámalo prostitución, darle lo que quiere, salirse con la suya… Por una mera cuestión de supervivencia al final los profesionales ceden y cobran, y el cliente es feliz diciéndole a la gente “ese anuncio lo he hecho yo”.

Podéis leer el artículo en este enlace o entrando en el blog de Colectivo Miga.

El síndrome del efecto 2000 – Colectivo Miga

El síndrome del efecto 2000 – Colectivo Miga

Colectivo Miga Opinión

¿No tienes la sensación de que hay un muro que separa físicamente el 2020 del 2021? Esto ocurre todos los años, y se traduce en una sensación de presión en el pecho y en los timings al ver que nada de lo que te habías planteando cerrar antes de fin de año sigue en la bandeja de trabajos pendientes.

Esta sensación es lo que llamo el síndrome del efecto 2000 y que nos hizo temer lo peor porque parecía que nunca estábamos lo suficientemente preparados para el paso de 1999 a 2000. Esto nos hizo sentir que el mundo tal como lo conocíamos acabaría al terminar las campanadas, y las uvas casi se nos atragantan al ver que al final todo seguía tal cual.

En agencias, colectivos y empresas pasa algo parecido, y en diciembre de 2015 escribí este artículo con dos partes diferenciadas: una descripción en tono de documental de National Geographic de la situación, y una segunda parte con unas pautas para evitar este pequeño cataclismo que vivimos cada año, pero también cuando se acercan unas vacaciones, un evento popular, una baja de un miembro del equipo o cualquier chorrada que hace que se nos disparen las alarmas al mirar nuestra planificación de proyectos.

Podéis leer el artículo en este enlace o buscándolo entre otros artículos de la sección del blog en la web de Colectivo Miga.

Tienes un polvo

Tienes un polvo

Opinión

Hace unos meses hablaba con una buena amiga de la energía que ciertas personas desprenden y que hacen que les abras de par en par las puertas de tu intimidad. Llegado un momento me confesó que desde siempre yo le había resultado sexualmente atractivo, y justo en ese momento me di cuenta de que era sólo la segunda vez que lo escuchaba en mis más de 40 años de vida.

Lo más curioso es que, al margen de lo chocante que me resultó situación, sentí que de alguna manera necesitaba escucharlo. Una parte de mi necesitaba sentirse deseado y por desgracia llevaba siendo reprimida muchísimo tiempo. Estaba tan enterrada bajo capas y capas de moralidad, baja autoestima y vergüenza que apenas me creía con derecho a provocar ese tipo de sensaciones.

La manera de comportarme y expresarme durante toda mi vida hicieron una buena parte del trabajo sucio en mi contra. He escuchado más veces la frase “¿¡Ah, pero tú no eras gay!?” que “hoy estás muy guapo”. Nací a finales de los 70s y hasta hace unos años halagar a otra persona era casi un sinónimo de que te la querías follar muy fuerte. Así que entiendo que culturalmente no es el entorno idóneo, pero lo vi en otras personas y subconscientemente me hubiera gustado formar parte de aquello.

Eso me terminó llevando a un doble callejón sin salida. Por un lado hizo que me la sudara lo que la gente opinara de mi aspecto o mi comportamiento, pero por otro lado me dejó la autoestima por los suelos. Esto me convirtió de un niño extrovertido y abierto a un adolescente bastante arisco e inseguro.

Con el tiempo encontré a una persona con la que conecté a todos los niveles y me sentí amado y deseado. Eso fue cuando tenía 19 años y aún sigo con ella. Durante muchos años aquel lastre emocional desapareció, pero estaba ahí latente.

Ante alguna dificultad o algún tropiezo salían a flote mis inseguridades y con el tiempo esa parte negativa terminó por ganar el pulso y olvidé mi lado hedonista. Perdí la pasión en todo aquello que amaba y nada me divertía, llenaba o satisfacía lo suficiente como para que mereciera la pena hacer el esfuerzo de intentar realizarlas.

Me fui cerrando puertas y aislando poniendo excusas, y me abandoné a la procrastinación y la supervivencia. Me acomodé en mi propio agujero y la mínima intención por salir de él sólo hacía que me hundiera más. Pero volvamos al momento de reencuentro con mi olvidado atractivo.

Ojo. No hay es cuestión de menospreciar la opinión de tu pareja, pero es cierto que su visión de ti va más allá de la imagen que puedas proyectar. El cariño, la rutina o la complicidad hacen flaco favor en este caso. Necesitas una mirada honesta, directa y visceral sin miedo a posibles consecuencias. En esencia la sensación que tú mismo puedas tener de una persona desconocida a simple vista.

Tienes un polvo: abrazo
Os preguntaréis cuál fue mi reacción cuando me encontré de frente con que una persona me veía atractivo. Sorprendentemente no esquivé esa bala. Las pocas loas o adulaciones (merecidas o no) durante mi vida han sido respondidas con evasivas quitándome cualquier mérito. Pero en este caso tomé consciencia de que no había excusa alguna.

Era una confesión sincera de una persona de confianza que me conocía desde hacía muchos años. Era irrefutable. Así que mi primera reacción fue decirle que me sentía adulado y agradecido. Pero no como una formalidad. Estaba profundamente agradecido porque había encontrado un punto de apoyo para intentar salir de mis miserias anímicas. El momento era el propicio y las personas implicadas estábamos emocionalmente en el mismo punto, así que para mí supuso un gran impulso.

A día de hoy intento revivir la llama de mis pasiones y encontrar algunas nuevas. Intento mirarme con otros ojos y no ser tan cruel y estricto conmigo mismo. No tengo problema en expresar y exponerme desde una perspectiva sexual. Quiero desear y sentirme deseado en todos los planos y volver a sentirme vivo, no ser un mero superviviente.

A fuerza de represión estamos infravalorando la importancia de considerarnos objetos de deseo. Es importante ser consciente de tu valor como ente follable.

Si que tu madre te diga que eres el niño más guapo del mundo (o que tu pareja te diga que te quiere mucho) ha terminado por no suponer para ti un subidón anímico, búscalo. Si lo que te pide el cuerpo es que te empotren contra la almohada en vez de que te den palmaditas en el hombro, dilo. No tengas miedo. Si tienes una polla o un coño no es sólo para que te los limpies cuando vayas a mear.

Hagamos esto; si te conozco y alguna vez te he resultado atractivo, si te has puesto tontorrona o cachondo pensando en mi, si has fantaseado conmigo alguna vez… Dímelo con sinceridad. Que no te de vergüenza. Te lo agradeceré mucho y ten por seguro que me ayudarás. Y de la misma manera, si necesitas saberlo o simplemente tienes curiosidad, pregúntame. Si estás dispuesto o dispuesta estaré encantado de decirte si para mí tienes un polvo.

Tienes un polvo: cuerpos

El mejor equipo del mundo en 10 pasos – Colectivo Miga

El mejor equipo del mundo en 10 pasos – Colectivo Miga

Colectivo Miga Opinión

¿Qué puede pasársele por la cabeza a tantos empresarios de mierda como para hacerse en su equipo con toda esa recua de inútiles que lo único que saben es pedir y entorpecer el trabajo de las pocas personas que sobre-trabajan para mantener la nave a flote? Esa es la pregunta que me inspiró para redactar esta entrada para el blog de Colectivo Miga.

Este pensamiento derivó en escribir un hipotético decálogo que podrían seguir los dueños de las empresas para hacer una selección de personal tan catastrófica y formar esos equipos que parecen salidos de una casa del terror. De paso usé ese tonito de gurú que tenemos que soportar en podcast, blogs especializados o directamente en el spam que te llega al correo electrónico.

Echadle un vistazo al artículo. Si habéis formado equipo parte de uno de esos seguro que os suena muchísimo lo que se plantea en él.

Cómo comer equilibradamente para tontos

Cómo comer equilibradamente para tontos

Opinión Organización

Cuando vivía en un piso de estudiantes metiéndome fritanga y cantidades industriales de pasta y bollería industrial entre pecho y espalda, me importaba un carajo mi salud. Lo único que me importaba era comer todo lo que mis padres no me permitían consumir bajo su techo.

Sobra decir que me puse gordaco en menos de un año, algo que me había costado bastante superar en mi post-adolescencia. Los problemas de salud no tardaron en llegar por un giro del destino en un entierro (puede que os cuente esta historia otro día), me jodí la espalda muchísimo. Eso me obligó a tomar cartas en el asunto.

Por supuesto tuve que hacer una tabla de ejercicios, guardar reposo, ponerme hasta el culo de antiinflamatorios y llevar una faja durante casi un año. Pero es que además, esa vida sedentaria iba provocar que engordara aún más. Para eso diseñé un sistema bien sencillo para que mi dieta semanal fuera (al menos) equilibrada. Ya sabéis que eso de hacer sistemas y listas es una bendición y una condena a partes iguales.

La cosa es bien simple. Dividir 7 grupos de alimentos entre los 7 días de la semana. Tomaría en el almuerzo un plato basado en el grupo que tocaba ese día y planificar cenas con grupos de alimentos complementarios.

Los grupos fueron: Carne, pescado, verduras, legumbres, arroz, pasta y huevo. Más tarde decidí integrar más verduras en todos los grupos anteriores y dejar un día libre para otro tipo de alimentos o por si quería repetir uno. En comida y cena cierro con una pieza de fruta del tiempo.

La cosa varía también dependiendo de las recetas si tomas carne a la jardinera tienes que ser consciente que la proporción de carne es mucho menos que la de verduras y por ejemplo complementar por la noche con arroz o pasta y huevo o pescado.

No es necesario que sigáis el mismo orden todas las semanas. Podéis variar tanto las recetas como el orden según vuestra previsión de lo que vais a hacer con vuestra vida y teniendo en cuenta cuándo comeréis fuera. También se puede variar el orden a media semana si surge un imprevisto como que os falte un ingrediente esencial para cocinar o que os llegue visita a casa.

Las proporciones a repartir durante el día o la semana nos las sabemos todos de memoria. Sí amigos, la famosa pirámide alimenticia no reflejaba la cantidad de comida que ingerían los faraones.

Os pongo una semana de ejemplo de almuerzos/cenas

LUNES: Filete de cerdo con ensalada / Puré de verduras
MARTES: Spaghetti aglio, olio e peperoncino / Empanadillas de atún y pisto
MIÉRCOLES: Dorada plancha con patatas y zanahorias aliñadas / Tortilla de berenjenas
JUEVES: Revuelto de espinacas con champiñones y jamón / Sandwich de jamón y queso
VIERNES: Lentejas guisadas / Merluza al papillote
SÁBADO: Pizza casera de cebolla, champiñones y bacon (LIBRE) / Sopa de fideos
DOMINGO: Arroz con pollo / Palitos de zanahoria con humus de garbanzos

Es una chorrada, pero así me aseguraba de que la dieta era variada.

El desayuno y la merienda no los he contemplado en este truco. Cada cual sabrá lo que le pide el cuerpo, pero personalmente el desayuno suelo hacerlo ligero con una tostada con aceite y tomate y un vaso de leche con miel. Para las meriendas suelo tomar algo dulce o fruta. Hasta llegar a este punto he pasado por el café y el cacao con dulces variados y repostería hecha en casa.

También intenté reducir la cantidad de fritos y procesados. Cosa que para un amante de la bollería industrial era bien jodido. También reducir las porciones, porque antes hacíamos un paquete de pasta para dos personas y nos lo comíamos en una sentada.

Intento también que las recetas sean realistas (por supuesto olvidarse de ingredientes que no has comprado en tu puta vida) y no necesitar el horno, porque vivo de alquiler y en la mayoría de pisos en los que he estado no teníamos el lujo de contar con una cocina completa. Así que me limito al microondas y los fuegos/vitrocerámica/inducción con los que pueda contar.

También me estoy haciendo un recetario de recetas sencillas para comer sano. Si os interesa decídmelo y las compartiré con vosotros encantado. Os recomiendo que os hagáis las vuestras por si algún día os apetece probar recetas nuevas e incorporarlas a vuestras dietas semanales.

El resultado de todo este reajuste alimenticio trajo consigo que adelgazara de nuevo. También que me recuperara más rápidamente de mi lesión de espalda y que mis padres respiraran tranquilos sabiendo que había una pequeña madre dentro de mi cabeza que vigila que no coma cualquier cosa y que intente que crezca grande y fuerte.

Ahora toca decir que no soy nutricionista, que puedo estar más o menos equivocado y que no estoy diciendo que otras formas de comer sean peores que la mía. Tan sólo eh querido trasmitiros este truqillo por una simple razón: llevo muchos años escuchando a personas que viven solas o que se han independizado hace poco diciendo que no tienen ni idea de cómo comer sano o equilibrado.

Este sistema hizo que cambiara el chip y que fuera consciente de qué comía y en qué cantidades a lo largo de una semana. Pero es que además también me sirvió para planificar tu menú semanal y hacer una lista de la compra realista. Algo que a la larga me hizo ahorrar dinero y el trabajo de estar saliendo todos los días a comprar y de pensar qué voy a comer ese día (que al final terminaba siendo algo rápido y poco saludable).

Soy consciente de que no son las raciones ideales que debo comer a lo largo de la semana, pero es es que si fuera así me sería imposible encontrar tiempo para cocinar tanto y tener hambre para comer tales cantidades. Sé de lo que hablo porque durante una etapa de mi vida tuve que seguir las indicaciones de un nutricionista y no tenía cojones de acabarme los platos.

No obstante no está de más pedir cita a un nutricionista y que nos recomiende una dieta de referencia para nuestro ritmo de vida. De esta manera podemos guiarnos a la hora de confeccionar nuestros menús. No será la misma dependiendo de nuestra complexión y características corporales. También pasará lo mismo si tenemos una vida sedentaria o de lo contrario practicamos deporte habitualmente

A día de hoy soy el encargado de planificar y cocinar la comida de mi familia teniendo que complementar la dieta planteada en el comedor de mi hijo con los desayunos, meriendas y cenas. Además mi mujer tiene un horario marcado por unos turnos irregulares, de manera que tengo que planificar las comidas para realizar platos y que se pueda llevar los tuppers necesarios para que su alimentación también sea equilibrada. Un trabajo que, sin organización sería un auténtico quebradero de cabeza cada día.

Si tenéis algún truco o sistema como el mío (o complementario) o si tan sólo queréis compartir vuestra opinión, dejadme un comentario o poneros en contacto conmigo.

Memorias en camiseta – Una vida en mangas cortas

Memorias en camiseta – Una vida en mangas cortas

Opinión Proyectos

Yo lo tengo claro. Para conocer bien a una persona no necesito ver sus redes sociales, ni su diario, ni su cuenta bancaria. Tan sólo requiero acceso a su cajón de las camisetas.

Y es que no hay una prenda tan íntima como la camiseta. La lencería y la ropa interior tiene el estigma del que se queda en la sombra o quien sabe a ciencia cierta que sólo podrá brillar durante unos segundos. Pero la camiseta no sólo es elegida por su vertiente estética, sino que es el portal de acceso libre a la personalidad de su dueño.

La camiseta es humilde. Su confección es sencilla y su precio popular. Pero es la base para crear todo un universo. Es el folio en blanco de las prendas de vestir. En ella puedes alcanzar la excelencia artística o simplemente considerarla como una funda ilustrada para torsos sin alma. También dice más de una persona el cómo trata sus camisetas que cualquier currículum que te pueda presentar.

En cualquier caso la camiseta permite expresar o insinuar quién eres. Es el cartel que anuncia a tu persona y que te presenta antes de que estreches por primera vez la mano del desconocido.

A través de ella puedes conocer de una persona cuáles son sus gustos musicales, su sentido del humor, su nivel cultural, su ideología política, sus complejos y sus vicios. Porque una camiseta no sólo puede ser elegida entre un sinfín de opciones, sino que también permite crear tu propia voz sobre sus fibras.

Mi experiencia personal (como supongo que la vuestra) ha pasado por todos los estados que conozco. He heredado camisetas de familiares que me sentaban mal o que contenían mensajes que apenas me definían porque eran recuerdos de viajes ajenos, de cuerpos que no eran el mío y de gustos que posiblemente fueran opuestos a los míos.

También he gastado camisetas de productos y marcas que no consumía y que, entre las de tabaco y las de alcohol, proyectaban la imagen de un corruptor de menores. Con el boom de las prendas lowcost mi cajón se llenó de sinsentido con camisetas de temporada con textos en inglés vanos de significado e ilustraciones que no había Dios que las entendiera. Con el tiempo pillé especial tirria a las que se limitaban a plasmar el nombre de una ciudad, una cifra al azar y una ilustración porque sí.

Pero la vida te deja de vez en cuando calcular tus movimientos en esta materia y sabes elegir una prenda que te representa al 100%. Camisetas que luces como si se tratara de una bandera ondeante. Camisetas con himno, con memoria e historia.

En mi caso me desvirgué en estas lides con las primeras camisetas de bandas. Vivir en un pueblo lejos de tiendas especializadas sólo te dejaba la opción de pedirlas por catálogos como Discoplay o Tipo para que te las mandaran por correo, ya que por aquel entonces Internet no existía.

Vestir una camiseta negra con un estampado de dudosa calidad era el mayor acto de rebeldía que un adolescente podía cometer. El destello generado al fracturarse el primer eslabón de las cadenas que atan tu armario al útero de tu madre. La primera ficha de dominó que se deja caer sobre el resto de tus prendas y que hará que te empieces a plantear ir a comparte ropa con tus colegas.

Años después esas camisetas se transformaron en camisetas de baliza generacional. Las nuevas incorporaciones al cajón reflejaban las imágenes de una nostalgia de corto alcance. Lucir una camiseta con un logo de un producto de tu infancia, con fotos de actores en unas series que jamás se repondrán o de unos cómics de los que nadie conocía su existencia hasta que sacaron la película, eran tu carta de presentación a la sociedad. Te situaban en el tiempo y en el espacio, y mirabas a las camisetas de la gente buscando la que complementara a la tuya, con la esperanza de transformar a su portador en tu posible media naranja.

Más tarde llegó el momento de buscar algo más allá de una localización. Necesitabas encontrar una voz. Es entonces cuando aparecen las camisetas gráficas en tu vida. Las frases ingeniosas, las ilustraciones sencillas y evocadoras y los gags inmediatos buscaban una vez más ser una extensión de tu persona. Ahora ya podías hablar al mismo nivel que tu prenda y juntos formabais un equipo perfecto barriendo las calles en busca de quien te dijera “¡oye, me mola mucho tu camiseta!”. Y mientras tu boca decía “gracias” en tu cabeza tronaba un triunfante “LO SÉ”.

Pero esa fase también pasa. Ahora mis camisetas no tienen que ser especialmente graciosas porque ya no necesito que hablen por mi. No quiero que su aura repercuta en los demás, sólo en mi. Quiero sentirme seguro y vestir algo que me haga feliz. Es cuando llegamos a las camisetas de diseño. Camisetas de tirada corta, exclusivas, respetuosas con el medio ambiente… Ahora es la camiseta la que se nutre de ti. Ilustraciones de autores que conoces personalmente o admiras muchísimo, mensajes que rozan la micropoesía y en la cima reinan las camisetas diseñadas por ti.

Si llegado a este punto de tu vida sabes cortar y coser un patrón, o si sabes de alguien que estampe tus diseños ¿Por qué no convertir tu cajón en tu diario, tu galería de arte, tu álbum de fotos…?

Yo estoy en este punto. Mi mujer me pide que seleccione algunas telas o que pinte algunas camisetas. Yo estoy imprimiendo mis propios diseños con La Vinileta en tiradas cortas para venderlas en mi tienda online o a amigos. Gente que realmente entienda lo que hago. Y entre ella y yo estamos creando un rinconcito en el armario de nuestro hijo de camisetas con las que se siente feliz. Feliz porque son de sus colores preferidos y con sus cosas favoritas en los estampados o en la ilustraciones. Pero sobre todo porque ningún niño tiene una camiseta igual. Una camiseta que él mismo ha perpetrado junto a sus padres.

Echando la vista atrás veo que hay experiencias en manga corta que no he vivido como vestir con orgullo la camiseta de mi equipo de fútbol el día de su victoria o lucir las camisetas que compré como souvenir en mis viajes por el mundo. Pero sí atesoro experiencias con ellas que muchos no vivirán. Como por ejemplo las camisetas que reservaba para subirme a un escenario para dar un concierto o para ponérmelas cuando quería llamar la atención para vender cómics. El uso de tus camisetas no deja de ser un reflejo de la manera en la que has decidido vivir.

Hay quien dice que la madurez pasa por abandonar la camiseta y vestir camisa. Yo he vestido ambas y siempre he vuelto a las camisetas para librarme de los botones y las pinzas. Para huir de la plancha y las rozaduras en el cuello. Hay quien se quedó a medio camino vistiendo polos y quienes volvieron atrás y dejaron que sus parejas los vistan y los definan como en su día hicieron sus madres.

Yo veo a mi padre vistiendo orgulloso las camisetas que le regalo y sólo puedo pensar que ojalá ese sea el último y más perfecto de los pasos.

Miedo al fuego Amigo – Colectivo Miga

Miedo al fuego Amigo – Colectivo Miga

Ilustración Opinión Proyectos Redacción

Hablando con la gente de Like a Wave sobre el por qué nuestra profesión se encuentra siempre en una posición difícil al negociar con un cliente o al tratar con un proveedor, llegamos a la conclusión de que el problema es la falta de confianza en los profesionales que formamos nuestro gremio.

Por culpa de el miedo no somos capaces de avanzar como colectivo y evolucionar hacia mejores condiciones de trabajo o más ventajas para establecer una relación de igual a igual con otras profesiones y sectores.

Fruto de esa conversación surge el artículo que he compartido en el blog de Colectivo Miga con el titulo “Miedo al fuego amigo” e ilustrado también por mi. Aquí un pequeño extracto.

Si nuestro gremio fuera un animal sería un perro sarnoso, desconfiado y tembloroso que se debate entre la vida y la muerte, y que duda si aferrarse a la vida aceptando el chusco de pan que le ofrece el cliente o lanzarse a su yugular y darse un festín con su cadáver aunque esta maniobra le cueste la vida.

Pero siempre habrá un amigo campechano e ignorante que diga “pero no hace falta que publiquéis nada, podéis hablar entre vosotros. Fijaros en las enseñanzas de los más veteranos y en los conocimientos frescos de los nuevos profesionales”.

Este individuo no ha estado en ninguna charla de freelances o en alguna exposición, de lo contrario sabría que carecemos de esa camaradería, organización o confianza. Porque lo que nos ata las manos es el miedo. Miedo a abrirnos a otros otros profesionales como nosotros y a caer abatidos por fuego amigo.

Para que os hagáis una idea una conversación entre profesionales sobre este tema suele ser así:

– ¡Ey Lucrecia! ¿Cómo andamos?
– Ahí tirando, Ovidio.
– Me alegró mucho verte en el Pechakucha el otro día.
– ¡A ver si quedamos más cabrón, que estás perdido!
– Sí… Oye, una cosa ¿Te acuerdas que me dijiste que estabas trabajando con una marca de grandes almacenes?
– Sí, claro.
– Es que un cliente parecido me ha pedido presupuesto y quería saber tu opinión. Te mando por mail las cifras.
– ¡Ah!… vale… (se esfumó el buen rollo)
– ¿Cómo las ves?
– Bien… pero yo pediría más.
– ¿Como cuánto más?
– Pues… algo más.
– ¿Tú cuánto le cobras a tu cliente?
– Hombre, son situaciones distintas…
– Ya ¿Pero cuánto?
– Bastante más.
– ¿Me puedes decir la cifra?
– ¡Uy! Ojalá pudiera… Pero ya sabes…
– Entiendo, gracias de todos modos.
– ¡A mandar!
– Un abrazo a Patricia y a los niños.
– ¡De tu parte monstruo!

Puedes leer el artículo completo PULSANDO AQUÍ.