Cómo comer equilibradamente para tontos

Cómo comer equilibradamente para tontos

Opinión Organización

Cuando vivía en un piso de estudiantes metiéndome fritanga y cantidades industriales de pasta y bollería industrial entre pecho y espalda, me importaba un carajo mi salud. Lo único que me importaba era comer todo lo que mis padres no me permitían consumir bajo su techo.

Sobra decir que me puse gordaco en menos de un año, algo que me había costado bastante superar en mi post-adolescencia. Los problemas de salud no tardaron en llegar por un giro del destino en un entierro (puede que os cuente esta historia otro día), me jodí la espalda muchísimo. Eso me obligó a tomar cartas en el asunto.

Por supuesto tuve que hacer una tabla de ejercicios, guardar reposo, ponerme hasta el culo de antiinflamatorios y llevar una faja durante casi un año. Pero es que además, esa vida sedentaria iba provocar que engordara aún más. Para eso diseñé un sistema bien sencillo para que mi dieta semanal fuera (al menos) equilibrada. Ya sabéis que eso de hacer sistemas y listas es una bendición y una condena a partes iguales.

La cosa es bien simple. Dividir 7 grupos de alimentos entre los 7 días de la semana. Tomaría en el almuerzo un plato basado en el grupo que tocaba ese día y planificar cenas con grupos de alimentos complementarios.

Los grupos fueron: Carne, pescado, verduras, legumbres, arroz, pasta y huevo. Más tarde decidí integrar más verduras en todos los grupos anteriores y dejar un día libre para otro tipo de alimentos o por si quería repetir uno. En comida y cena cierro con una pieza de fruta del tiempo.

La cosa varía también dependiendo de las recetas si tomas carne a la jardinera tienes que ser consciente que la proporción de carne es mucho menos que la de verduras y por ejemplo complementar por la noche con arroz o pasta y huevo o pescado.

No es necesario que sigáis el mismo orden todas las semanas. Podéis variar tanto las recetas como el orden según vuestra previsión de lo que vais a hacer con vuestra vida y teniendo en cuenta cuándo comeréis fuera. También se puede variar el orden a media semana si surge un imprevisto como que os falte un ingrediente esencial para cocinar o que os llegue visita a casa.

Las proporciones a repartir durante el día o la semana nos las sabemos todos de memoria. Sí amigos, la famosa pirámide alimenticia no reflejaba la cantidad de comida que ingerían los faraones.

Os pongo una semana de ejemplo de almuerzos/cenas

LUNES: Filete de cerdo con ensalada / Puré de verduras
MARTES: Spaghetti aglio, olio e peperoncino / Empanadillas de atún y pisto
MIÉRCOLES: Dorada plancha con patatas y zanahorias aliñadas / Tortilla de berenjenas
JUEVES: Revuelto de espinacas con champiñones y jamón / Sandwich de jamón y queso
VIERNES: Lentejas guisadas / Merluza al papillote
SÁBADO: Pizza casera de cebolla, champiñones y bacon (LIBRE) / Sopa de fideos
DOMINGO: Arroz con pollo / Palitos de zanahoria con humus de garbanzos

Es una chorrada, pero así me aseguraba de que la dieta era variada.

El desayuno y la merienda no los he contemplado en este truco. Cada cual sabrá lo que le pide el cuerpo, pero personalmente el desayuno suelo hacerlo ligero con una tostada con aceite y tomate y un vaso de leche con miel. Para las meriendas suelo tomar algo dulce o fruta. Hasta llegar a este punto he pasado por el café y el cacao con dulces variados y repostería hecha en casa.

También intenté reducir la cantidad de fritos y procesados. Cosa que para un amante de la bollería industrial era bien jodido. También reducir las porciones, porque antes hacíamos un paquete de pasta para dos personas y nos lo comíamos en una sentada.

Intento también que las recetas sean realistas (por supuesto olvidarse de ingredientes que no has comprado en tu puta vida) y no necesitar el horno, porque vivo de alquiler y en la mayoría de pisos en los que he estado no teníamos el lujo de contar con una cocina completa. Así que me limito al microondas y los fuegos/vitrocerámica/inducción con los que pueda contar.

También me estoy haciendo un recetario de recetas sencillas para comer sano. Si os interesa decídmelo y las compartiré con vosotros encantado. Os recomiendo que os hagáis las vuestras por si algún día os apetece probar recetas nuevas e incorporarlas a vuestras dietas semanales.

El resultado de todo este reajuste alimenticio trajo consigo que adelgazara de nuevo. También que me recuperara más rápidamente de mi lesión de espalda y que mis padres respiraran tranquilos sabiendo que había una pequeña madre dentro de mi cabeza que vigila que no coma cualquier cosa y que intente que crezca grande y fuerte.

Ahora toca decir que no soy nutricionista, que puedo estar más o menos equivocado y que no estoy diciendo que otras formas de comer sean peores que la mía. Tan sólo eh querido trasmitiros este truqillo por una simple razón: llevo muchos años escuchando a personas que viven solas o que se han independizado hace poco diciendo que no tienen ni idea de cómo comer sano o equilibrado.

Este sistema hizo que cambiara el chip y que fuera consciente de qué comía y en qué cantidades a lo largo de una semana. Pero es que además también me sirvió para planificar tu menú semanal y hacer una lista de la compra realista. Algo que a la larga me hizo ahorrar dinero y el trabajo de estar saliendo todos los días a comprar y de pensar qué voy a comer ese día (que al final terminaba siendo algo rápido y poco saludable).

Soy consciente de que no son las raciones ideales que debo comer a lo largo de la semana, pero es es que si fuera así me sería imposible encontrar tiempo para cocinar tanto y tener hambre para comer tales cantidades. Sé de lo que hablo porque durante una etapa de mi vida tuve que seguir las indicaciones de un nutricionista y no tenía cojones de acabarme los platos.

No obstante no está de más pedir cita a un nutricionista y que nos recomiende una dieta de referencia para nuestro ritmo de vida. De esta manera podemos guiarnos a la hora de confeccionar nuestros menús. No será la misma dependiendo de nuestra complexión y características corporales. También pasará lo mismo si tenemos una vida sedentaria o de lo contrario practicamos deporte habitualmente

A día de hoy soy el encargado de planificar y cocinar la comida de mi familia teniendo que complementar la dieta planteada en el comedor de mi hijo con los desayunos, meriendas y cenas. Además mi mujer tiene un horario marcado por unos turnos irregulares, de manera que tengo que planificar las comidas para realizar platos y que se pueda llevar los tuppers necesarios para que su alimentación también sea equilibrada. Un trabajo que, sin organización sería un auténtico quebradero de cabeza cada día.

Si tenéis algún truco o sistema como el mío (o complementario) o si tan sólo queréis compartir vuestra opinión, dejadme un comentario o poneros en contacto conmigo.

Memorias en camiseta – Una vida en mangas cortas

Memorias en camiseta – Una vida en mangas cortas

Opinión Proyectos

Yo lo tengo claro. Para conocer bien a una persona no necesito ver sus redes sociales, ni su diario, ni su cuenta bancaria. Tan sólo requiero acceso a su cajón de las camisetas.

Y es que no hay una prenda tan íntima como la camiseta. La lencería y la ropa interior tiene el estigma del que se queda en la sombra o quien sabe a ciencia cierta que sólo podrá brillar durante unos segundos. Pero la camiseta no sólo es elegida por su vertiente estética, sino que es el portal de acceso libre a la personalidad de su dueño.

La camiseta es humilde. Su confección es sencilla y su precio popular. Pero es la base para crear todo un universo. Es el folio en blanco de las prendas de vestir. En ella puedes alcanzar la excelencia artística o simplemente considerarla como una funda ilustrada para torsos sin alma. También dice más de una persona el cómo trata sus camisetas que cualquier currículum que te pueda presentar.

En cualquier caso la camiseta permite expresar o insinuar quién eres. Es el cartel que anuncia a tu persona y que te presenta antes de que estreches por primera vez la mano del desconocido.

A través de ella puedes conocer de una persona cuáles son sus gustos musicales, su sentido del humor, su nivel cultural, su ideología política, sus complejos y sus vicios. Porque una camiseta no sólo puede ser elegida entre un sinfín de opciones, sino que también permite crear tu propia voz sobre sus fibras.

Mi experiencia personal (como supongo que la vuestra) ha pasado por todos los estados que conozco. He heredado camisetas de familiares que me sentaban mal o que contenían mensajes que apenas me definían porque eran recuerdos de viajes ajenos, de cuerpos que no eran el mío y de gustos que posiblemente fueran opuestos a los míos.

También he gastado camisetas de productos y marcas que no consumía y que, entre las de tabaco y las de alcohol, proyectaban la imagen de un corruptor de menores. Con el boom de las prendas lowcost mi cajón se llenó de sinsentido con camisetas de temporada con textos en inglés vanos de significado e ilustraciones que no había Dios que las entendiera. Con el tiempo pillé especial tirria a las que se limitaban a plasmar el nombre de una ciudad, una cifra al azar y una ilustración porque sí.

Pero la vida te deja de vez en cuando calcular tus movimientos en esta materia y sabes elegir una prenda que te representa al 100%. Camisetas que luces como si se tratara de una bandera ondeante. Camisetas con himno, con memoria e historia.

En mi caso me desvirgué en estas lides con las primeras camisetas de bandas. Vivir en un pueblo lejos de tiendas especializadas sólo te dejaba la opción de pedirlas por catálogos como Discoplay o Tipo para que te las mandaran por correo, ya que por aquel entonces Internet no existía.

Vestir una camiseta negra con un estampado de dudosa calidad era el mayor acto de rebeldía que un adolescente podía cometer. El destello generado al fracturarse el primer eslabón de las cadenas que atan tu armario al útero de tu madre. La primera ficha de dominó que se deja caer sobre el resto de tus prendas y que hará que te empieces a plantear ir a comparte ropa con tus colegas.

Años después esas camisetas se transformaron en camisetas de baliza generacional. Las nuevas incorporaciones al cajón reflejaban las imágenes de una nostalgia de corto alcance. Lucir una camiseta con un logo de un producto de tu infancia, con fotos de actores en unas series que jamás se repondrán o de unos cómics de los que nadie conocía su existencia hasta que sacaron la película, eran tu carta de presentación a la sociedad. Te situaban en el tiempo y en el espacio, y mirabas a las camisetas de la gente buscando la que complementara a la tuya, con la esperanza de transformar a su portador en tu posible media naranja.

Más tarde llegó el momento de buscar algo más allá de una localización. Necesitabas encontrar una voz. Es entonces cuando aparecen las camisetas gráficas en tu vida. Las frases ingeniosas, las ilustraciones sencillas y evocadoras y los gags inmediatos buscaban una vez más ser una extensión de tu persona. Ahora ya podías hablar al mismo nivel que tu prenda y juntos formabais un equipo perfecto barriendo las calles en busca de quien te dijera “¡oye, me mola mucho tu camiseta!”. Y mientras tu boca decía “gracias” en tu cabeza tronaba un triunfante “LO SÉ”.

Pero esa fase también pasa. Ahora mis camisetas no tienen que ser especialmente graciosas porque ya no necesito que hablen por mi. No quiero que su aura repercuta en los demás, sólo en mi. Quiero sentirme seguro y vestir algo que me haga feliz. Es cuando llegamos a las camisetas de diseño. Camisetas de tirada corta, exclusivas, respetuosas con el medio ambiente… Ahora es la camiseta la que se nutre de ti. Ilustraciones de autores que conoces personalmente o admiras muchísimo, mensajes que rozan la micropoesía y en la cima reinan las camisetas diseñadas por ti.

Si llegado a este punto de tu vida sabes cortar y coser un patrón, o si sabes de alguien que estampe tus diseños ¿Por qué no convertir tu cajón en tu diario, tu galería de arte, tu álbum de fotos…?

Yo estoy en este punto. Mi mujer me pide que seleccione algunas telas o que pinte algunas camisetas. Yo estoy imprimiendo mis propios diseños con La Vinileta en tiradas cortas para venderlas en mi tienda online o a amigos. Gente que realmente entienda lo que hago. Y entre ella y yo estamos creando un rinconcito en el armario de nuestro hijo de camisetas con las que se siente feliz. Feliz porque son de sus colores preferidos y con sus cosas favoritas en los estampados o en la ilustraciones. Pero sobre todo porque ningún niño tiene una camiseta igual. Una camiseta que él mismo ha perpetrado junto a sus padres.

Echando la vista atrás veo que hay experiencias en manga corta que no he vivido como vestir con orgullo la camiseta de mi equipo de fútbol el día de su victoria o lucir las camisetas que compré como souvenir en mis viajes por el mundo. Pero sí atesoro experiencias con ellas que muchos no vivirán. Como por ejemplo las camisetas que reservaba para subirme a un escenario para dar un concierto o para ponérmelas cuando quería llamar la atención para vender cómics. El uso de tus camisetas no deja de ser un reflejo de la manera en la que has decidido vivir.

Hay quien dice que la madurez pasa por abandonar la camiseta y vestir camisa. Yo he vestido ambas y siempre he vuelto a las camisetas para librarme de los botones y las pinzas. Para huir de la plancha y las rozaduras en el cuello. Hay quien se quedó a medio camino vistiendo polos y quienes volvieron atrás y dejaron que sus parejas los vistan y los definan como en su día hicieron sus madres.

Yo veo a mi padre vistiendo orgulloso las camisetas que le regalo y sólo puedo pensar que ojalá ese sea el último y más perfecto de los pasos.

Miedo al fuego Amigo – Colectivo Miga

Miedo al fuego Amigo – Colectivo Miga

Ilustración Opinión Proyectos Redacción

Hablando con la gente de Like a Wave sobre el por qué nuestra profesión se encuentra siempre en una posición difícil al negociar con un cliente o al tratar con un proveedor, llegamos a la conclusión de que el problema es la falta de confianza en los profesionales que formamos nuestro gremio.

Por culpa de el miedo no somos capaces de avanzar como colectivo y evolucionar hacia mejores condiciones de trabajo o más ventajas para establecer una relación de igual a igual con otras profesiones y sectores.

Fruto de esa conversación surge el artículo que he compartido en el blog de Colectivo Miga con el titulo “Miedo al fuego amigo” e ilustrado también por mi. Aquí un pequeño extracto.

Si nuestro gremio fuera un animal sería un perro sarnoso, desconfiado y tembloroso que se debate entre la vida y la muerte, y que duda si aferrarse a la vida aceptando el chusco de pan que le ofrece el cliente o lanzarse a su yugular y darse un festín con su cadáver aunque esta maniobra le cueste la vida.

Pero siempre habrá un amigo campechano e ignorante que diga “pero no hace falta que publiquéis nada, podéis hablar entre vosotros. Fijaros en las enseñanzas de los más veteranos y en los conocimientos frescos de los nuevos profesionales”.

Este individuo no ha estado en ninguna charla de freelances o en alguna exposición, de lo contrario sabría que carecemos de esa camaradería, organización o confianza. Porque lo que nos ata las manos es el miedo. Miedo a abrirnos a otros otros profesionales como nosotros y a caer abatidos por fuego amigo.

Para que os hagáis una idea una conversación entre profesionales sobre este tema suele ser así:

– ¡Ey Lucrecia! ¿Cómo andamos?
– Ahí tirando, Ovidio.
– Me alegró mucho verte en el Pechakucha el otro día.
– ¡A ver si quedamos más cabrón, que estás perdido!
– Sí… Oye, una cosa ¿Te acuerdas que me dijiste que estabas trabajando con una marca de grandes almacenes?
– Sí, claro.
– Es que un cliente parecido me ha pedido presupuesto y quería saber tu opinión. Te mando por mail las cifras.
– ¡Ah!… vale… (se esfumó el buen rollo)
– ¿Cómo las ves?
– Bien… pero yo pediría más.
– ¿Como cuánto más?
– Pues… algo más.
– ¿Tú cuánto le cobras a tu cliente?
– Hombre, son situaciones distintas…
– Ya ¿Pero cuánto?
– Bastante más.
– ¿Me puedes decir la cifra?
– ¡Uy! Ojalá pudiera… Pero ya sabes…
– Entiendo, gracias de todos modos.
– ¡A mandar!
– Un abrazo a Patricia y a los niños.
– ¡De tu parte monstruo!

Puedes leer el artículo completo PULSANDO AQUÍ.

Una palabra vale más que mil imágenes

Una palabra vale más que mil imágenes

Opinión Proyectos Redacción

Vamos a desengañarnos. Una imagen vale más que mil palabras, pero sólo en ciertos casos.

Dejemos de loar a la imagen en detrimento de la palabra. Estamos en al era de la inmediatez y nos han educado para que el estímulo visual sea esencial para percibir sin volvernos locos toda la información que nos bombardea en el día a día. Pero pese al poder que tiene la imagen, estoy seguro que jamas ha habido tanta gente leyendo contenidos.

Por supuesto estos contenidos escritos no son de una calidad literaria reseñable. Una conversación de Whatsapp, un estado de Facebook o las características de un producto en una tienda online no son dignas de recibir un Premio Nobel de Literatura. Pero es que tampoco todas las imágenes que nos llegan a lo largo del día son dignas de ser expuestas en el Museo del Prado.

Ni la foto de la sobrina de tu compañera de trabajo vestida de flamenca que tiene puesto de fondo de pantalla en el ordenador de la oficina, ni el meme del negro extraordinariamente dotado que ha pasado tu cuñado al grupo de la familia, ni los logotipos infumables de empresas de dudosa calidad que ves cuando pasas en coche por el polígono industrial, harán que caigas fulminado al suelo a causa de un Síndrome de Stendhal.

Profesionalmente y personalmente trabajo generando o seleccionando entre diferentes procesos para conseguir destacar una imagen por encima del ruido visual, y puedo aseguraros que muchísimas ocasiones la fascinación por la imagen suele ser un trayecto de ida y vuelta.

He hablado con profesionales y creadores de contenido visual, y coincidimos que la pasión que se generó en nosotros cuando descubrimos el mundo audiovisual, la pintura o el cómic (y que hace que dejemos a un lado una narrativa tradicional) pasa a vivirse de otra manera con el tiempo.

Al igual el amor de largo recorrido no puede quedarse para siempre en ese primer estadio de furor y hormonas, la pasión por la imagen rara vez se queda en ese estado de fascinación y experimentación inicial. Con el tiempo y la experiencia se va relajando hasta convivir con otras maneras de expresión. Sólo llegados a este punto podemos observar el poder real de un grupo de palabras.

No es raro ver que creadores de imágenes como fotógrafos, dibujantes o cineastas llegado un momento se ponen a escribir un relato, un poema, un guión o una novela. Y en parte es porque la palabra es un recurso mucho más sencillo y accesible a la hora de transmitir una idea que si lo abordáramos por otras vías. Si optamos por esos otros caminos posiblemente habría que aprender una técnica, pagar unos medios o desplazarse a unos lugares quedan lejos del alcance de algunos creadores ya sea por dinero, tiempo o esfuerzo. Muchos de ellos han cambiado de oficio y se han transformado en novelistas, poetas o autores narrativa gráfica o infantil.

Personalmente me di cuenta repasando cuadernos antiguos. Me fijé que los primeros estaban llenos de dibujos, esquemas o recortes, y poco a poco esos espacios eran ocupados por anotaciones, listas o pequeños párrafos.

Ampliando ese enforque me fijé en mis intereses profesionales, que en un principio se centraban en la ilustración, el diseño, la fotografía o la narrativa audiovisual y que poco a poco han ido volcándose más en la redacción o el naming.

Esto no quiere decir que no me guste la imagen, pero digamos que he aprendido a amarla de otra manera. Ya no me apetece meterme entre sus piernas a la primera de cambio, sino compartir con ella momentos brillantes de auténtica complicidad y compenetración… y de vez en cuando tener sexo duro y sucio con ella, claro.

Esta reflexión puede que os parezca una chorrada pero, para alguien que pasa tanto tiempo trabajando con imágenes y palabras, es como cuando vuestra pareja os dice “cariño, tenemos que hablar”. Efectivamente amigos, yo también estoy tan emocionado como acojonado. Pero os aseguro que veréis algo de revuelo en mis miserias al hilo de este razonamiento.