Dibujos enlazados: Faquir

Dibujos enlazados: Faquir

Ilustración Retos

Me hizo mucha ilusión cuando, el día 29 de abril, Eloy Domínguez se puso en contacto conmigo para colaborar en un proyecto. Llevaba unas semanas trabajando en retos como el de Comic de Puño o el de Six Fanarts para soltar la mano de cara a un trabajo que llevaba en la recámara un tiempo y me pareció buena idea no olvidarme de los vectores.

Se trataba de un cadáver exquisito bajo el nombre de Dibujos Enlazados que pone en marcha finales de mes Álvaro Reinoso y cuyas normas son estas.Dibujos enlazados - guíaConozco a pocos ilustradores vectoriales en mi entorno y es todo un placer que me tengan en mente cuando monten estas cosas. Previamente había pasado también por las manos de Alejandro Rojas y tras la aportación de Eloy me tocaba actuar rápido.  Así que tras pensarlo un poco me puse manos a la obra (ya que el plazo es sólo de 24 horas).

Siguiendo la temática circense estuve planteando varias alternativas, pero un concepto me vino cristalino a la cabeza: en lo que se refiere a vectores soy cono un faquir porque vivo el día a día soportando el dolor de trabajar con Adobe Illustrator cuando mi entorno natural es el Macromedia Freehand.Así que un par de bocetos después estaba encendiendo mi viejo Power Mac G4 y abriendo mi amantísimo Freehand MX.

Pese a ser un equipo antiguo y algo inestable y al no haber abierto el programa en años, todo fue a las mil maravillas. En unas horas el faquir estaba hecho y tan sólo tuve que exportarlo a Illustrator para que no diera problemas de compatibilidad al unirlo al resto de personajes.

Dibujos enlazados - faquirUna vez terminada la composición dudé en pasárselo a amigos o ilustradores que conozco de mi entorno, pero me detuve ahí. No me apetecía que un proyecto tan interesante en cuanto a poner en conocimiento a artistas que trabajan con vectores terminara siendo un glosario de los mismos 10 o 20 ilustradores sevillanos que aparecen una y otra vez en exposiciones, muestras, charlas y talleres. Esto debería ser un escaparate para dar a conocer a gente nueva tan apasionada por los vectores como yo.

En este tipo de trabajos colaborativos es importante explorar los límites y aportar a la pieza final algo de cada autor. En mi caso la contribución va más allá de este sencillo faquir soportando el dolor de sentirse desactualizado.

Así que, tras hablarlo con Eloy, decidí pasarle el testigo a Pilar Ayerbe. No conocía su trabajo, pero tenía la garantía de que Eloy pensaba que su estilo era sobresaliente. Preparé el archivo y se lo remití por correo para que continuase la cadena.

Tras su paso por las manos de María Calderón Vázquez, ink4soul, Salva de Marte, Luc Bueno Glez., Javier Martín Caba, Chirrikebstein Ilustración, Salmorejo Estudio, Miguel Ferrera, Sousa Ilustra, Korea Tres Delicias, Pilar Ayerbe, Ale Rojas, Aro Reinoso y yo mismo la pieza quedó así.
Dibujos enlazados - final

Despendientes – No te serviré

Despendientes – No te serviré

Despendientes

Hay veces que una obra te asalta y te hace caer de espaldas al suelo, y eso es justo lo que me pasó hace unos años con Palos de ciego. Ya conocía la obra de Irra pero ante ese despliegue no pude hacer otra cosa que recoger mis huevos del suelo y recomponerme como buenamente pude. Pero esta vez no iba a pasarme lo mismo.

Todo estaba planeado. En cuanto el crowdfunding en Spaceman Proyect se empezó a gestar ya tenía mi cartera preparada para contribuir al proyecto. Fue maravilloso ver cómo se cumplían rápidamente los objetivos y cómo se iba desarrollando su elaboración en los siguientes pasos. Cuando salió de imprenta y fueron llegando a los primeros mecenas los primeros ejemplares me fui mentalizando. Y en el instante en el que el señor cartero me entregó el envío supe que había llegado el momento. El momento de no hacer nada.

Como quien guarda para el final el corazón de la sandía, pretendía encontrar el escenario perfecto para degustar todas sus páginas. No abrí el paquete. Lo dejé sobre un mueble para no sentirme tentado e hice todo lo posible por aislarme de las críticas, las reseñas y las reacciones (aunque me llegaban algunas y todas sobresalientes). Sólo dejé pasar el tiempo.

Pasaron los meses. Meses atípicos en los que el mundo se encerró en sus casas, donde vivimos aterrorizados y esperanzados. Empalidecimos de miedo y refugio, y luego (en medio de una guerra declarada contra un virus) nos olvidamos. Llegó julio y vivíamos momentos de reencuentro, de ocio, de una fingida libertad. Los niños salieron a jugar como el que se fuma un cigarrito en el ojo del huracán. Un pitido imperceptible comenzaba a llegarme desde lo alto de un armario.

Llega agosto. Los contagios se multiplican, los ánimos caen, el trabajo falta y la sensación de derrota es generalizada. Empezamos a pensar que puede que estas sean las últimas vacaciones en las que disfrutemos los abrazos de nuestra familia. En medio de un viaje hago escala en mi casa de Sevilla. Al llegar el aire acondicionado escupe a duras penas una brisa tibia. Es día 14 y en Sanlúcar de Barrameda los niños (hermandades mediante) hubieran hecho dibujos con sal para que la Virgen de la Caridad (o más bien sus costaleros) la pisara. Un espectáculo que atrajo a George Lucas para más tarde ser atraído a las tortillitas de camarones de Casa Balbino, pero que este año no se iba a celebrar. En más de 65 años jamás se había cancelado este evento y yo no estaba allí. Si esto no era una señal, no sé qué podría serlo.

Estaba en Sevilla, en medio de una pandemia, a más de 36 grados a las 12 de la noche y camino de mi habitación porque tenía la seguridad de que el momento de leer No te serviré había llegado.

Debía manejar la situación con cuidado porque leer en situaciones adversas puede ser un salvavidas o un viaje sólo de ida a un puto pozo. La última vez que me ocurrió fue con Jimmy Corrigan de Chris Ware, que leí con 38,5º de fiebre en unas navidades en las que (casualmente) se había jodido la calefacción. Tras aquella lectura atropellada, entre tiritones de frío y fiebre, terminé aborreciendo aquella obra maestra y me faltó el tiempo para venderla en Wallapop ante la sorpresa del comprador.

Mi hijo estaba en Sanlúcar con sus abuelos y mi mujer estaba dormida en la habitación, así que tomé el paquete entre mis manos y me fui a la cocina. Con el primer cuchillo que encontré quité el precinto y cerré la puerta. Aparté las migas que quedaban en la mesa y fui abriendo el embalaje. Me sorprendió que no recordara que, al ser mecenas, junto al álbum había un artbook con bocetos, apuntes y referencias que había tomado el autor. No lo quise ni hojear. Lo aparté con cuidado en una silla cercana y me enfrenté a No te serviré sobre los cartones y la cinta de embalar. Supe en ese momento que no habría treguas, me iba a tomar aquel tomo de un solo trago.

Llegado a este punto no quiero desvelaros ni un ápice del contenido de este cómic. Ya sabéis que en Despendientes no hago reseñas, sólo os transmito el registro de lo que voy leyendo y viendo y escribo unas líneas al respecto. Podréis ver algo en este pequeño adelanto en forma de vídeo del crowdfunding en Spaceman Proyect perpetrado por Un gato andaluz y si queréis más información podéis ver una entrevista a Irra en Comics Tomos y Grapas. Hoy más que hablaros de lo que leí os hablaré de lo que me hizo sentir.

Sentí que jamás me había encontrado con esos personajes en un cómic, serie o película, pero me dio la sensación de que sí me había cruzado a esas personas en mi vida. El halo que rodea a sus personajes los puedes encontrar en los bares de tu barrio, en las colas para comprar un cupón o en los recodos de una placita.

Sentí de nuevo aquella sensación de apretar los dientes viendo películas de terror de Jess Franco, volándole la cabeza a un jefe final del Golden Axe o al hojear un Sukia desgastado por el sol y el sobeteo adolescente. Una subida de adrenalina llena de furia y vida. Aquella sensación de desasosiego cuando, después de ver El Exorcista, te dabas cuenta de que la ficción más horrible y la realidad están separados por una línea tan fina que te sientes capaz de quebrarla si te adentras en la oscuridad de un callejón aunque sólo sea unos pasos.

Sentí al complicidad de reconocer ciertos escenarios y de ser capaz de compartir la misma visión que el autor. Irra no deja puntada sin hilo y la historia gana enteros si te paras a recrearte leyendo los grafittis o las marcas y la publicidad que te golpean como pequeños gags y flashes a lo largo de la historia. Leer muy bien las referencias a la cultura popular en las imágenes y diálogos que salen en las pantallas, las películas en una estantería o fijarse en la decoración, los azulejos y la iluminación de algunas de las escenas hace que te metas en la historia hasta la coronilla. De hecho, durante su lectura pude toparme con algunas viñetas que me recordaron mucho a uno de mis videoclips favoritos: Rabbit in your headlights de Unkle. Más tarde, leyendo el artbook, encontré algunas referencias musicales que se acercaban a lo que sonaba en mi cabeza durante la lectura de No te serviré, dejando claro que la historia me había hecho andar por la senda que había trazado el autor.

Sentí el asco de reconocer la actualidad en la ambientación de la historia. Irra sabe que cualquier mentira sólo es creíble si tiene un porcentaje alto de verdad, y si quieres que una historia sea posible tienes que envolver la magia en muchas capas de realidad. Por ese motivo la corrupción, la miseria humana, lo feo, la crudeza… todo te sitúa en el aquí y el ahora y, por mucha fantasía que se te presente, sentirás que puedes encontrarte esas mismas escenas a la vuelta de comprar el pan.

Sentí seguir el hilo. Más tarde perderme. Luego retomar las riendas y finalmente darme cuenta de que todo estaba planeado. Esa revelación al darte cuenta de todas las capas que se solapan en la historia y que se resuelven en los últimos compases. Esa sensación de tomar perspectiva y ser consciente de la precisión con la que se han perpetrado todas las acciones. Cómo, con la maestría de un relojero, se han colocado las piezas para que todo funcione perfectamente. Lo maravilloso es pensar cómo algo tan estructurado y limpio puede haberte dado la impresión de burdo y precipitado en los primeros compases de la historia. Es como cuando lees una novela o ves una película de asesinatos, al final se revela toda la trama y piensas ¡Qué cabrones! No me había olido nada y ahora me doy cuenta de todo.

Sentí el vértigo de verte arrastrado por la historia. No querer codearte con esa gente, no querer entrar en ese lugar o no querer mirar lo que estaba pasando, pero no ser capaz de apartarte. La acción te va vapuleando de página en página y al cerrar el álbum me di cuenta de que llevaba un buen rato conteniendo la respiración. No es la mejor sensación del mundo pero ¿cuántos cómics han logrado eso? En mi casos muy pocos.

Sentí el orgullo de reconocer que Irra había dado un golpe en la mesa y que la historia era la que había forzado la situación para que este cómic usara la autoedición para librarse de la censura, las correcciones y los deditos de editores y subalternos para hacerlo más entable o atractivo. Esta historia no está hecha para paladares sensibles que consumen a cartera abierta y que buscan que los lomos de sus tomos coincidan con el color de su colección o con la altura de una balda. Quien compra esta obra es para grabársela en las retinas, no para enseñársela a las visitas para quedar bien o que salga de fondo durante sus videollamadas.

Terminé la lectura. No sabía qué hora era exactamente, En la últimas páginas el brillo de la inapropiadísima luz de la cocina sobre el papel me molestaba. La silla se me había clavado en el culo y me había dejado unos pequeños círculos marcados en las piernas. Me dolían los brazos, la mandíbula y las piernas de aguantar la tensión y estaba sudando como un puto cerdo. Apagué como pude las luces y me fui a dormir sin pensarlo demasiado.

Al día siguiente me levanté al primero y fui a preparar el desayuno. Sobre la mesa aún estaba el tomo de No te serviré sobre los cartones y el artbook sobre la silla. Me sonreí como cuando has visto una película de puta madre y sales a la calle gritando dentro de tu cabeza ¡Sí, joder!. Había leído una obra de puta madre y me alegré mucho haber encontrado el momento propicio. En cierta manera la realidad se parecía a la obra en que se desarrollan en días extraños y terribles, en una especie de anomalía en tu día a día. Y eso hizo que su lectura fuera aún más intensa.

Espero no tener que esperar a un Apocalipsis inminente, unas condiciones infrahumanas o una experiencia dramática para volver a disfrutar de una nueva obra de Irra. Pero si ha de ser así, sea.

Despendientes – Agosto 2020

Despendientes – Agosto 2020

Despendientes

SERIES

COMMUNITY 3T- 6T (NETFLIX): ¡Vaya agonía innecesaria! Estas tres temporadas han sido un puto descenso a los infierno. Una puta partida de Yenga que se alarga episodio tras episodio y en el que por una parte esperas que no se caiga la puta torre sobre ti, pero por otra estás deseando que se termine el puto juego para irte a tu casa a dormir. La desaparición escalonada de diferentes personajes protagonistas y la aparición de otros irrelevantes junto al aumento del peso de los personajes secundarios originales ha sido lo que realmente me ha hecho aborrecer esta serie. Doy toda la razón a aquellos que dicen que se trata de una gran serie de comedia, pero que habría que acotarlo a un número de temporadas en concreto. Mi completismo no me hubiera permitido abandonarlo, pero la razón no les falta y eso lo tengo que admitir. Se agradece mucho que no haya spinoff o película porque este chicle no se estira más. Dejemos a este cadáver descomponerse todo lo dignamente que se pueda a estas alturas.

EL FIN DE LA COMEDIA 1T (AMAZON PRIME VIDEO):
Esta serie me ha sorprendido para bien. Estaba algo receloso de abordarla porque Ignatius Farray lleva un tiempo hasta en la sopa por colaborar en el programa La Vida Moderna y temía que en esta serie se dedicara a soltar los chascarrillos que sólo hacen aplaudir a los fans. Pero desde aquí me meto la lengua en el culo y aplaudo bien fuerte por que han perpetrado una serie de comedia muy bien estructurada. Tiene humor negro, absurdo, zafio… pero siempre en su justa medida y con un timing perfecto. Pasó el corte desde el momento en el que me hizo reír en el primer episodio, así que estoy más que contento con el resultado. Espero que la segunda temporada no baje el listón, porque ya estoy impaciente por abordara.

BLACK LAGOON 1T (NETFLIX): Estamos ante una serie única en su especie, pero no porque es excepcionalmente entretenida, trepidante o divertida, sino porque es un anticlimax episodio tras episodio. La trama parece que va a romper en algún momento pero desemboca todo en una bajona tremenda. Los personajes son muy predecibles, las situaciones bastante normalitas y puede que la música no ayude. Sí, la música es importantísima en cualquier formato audiovisual y en esta serie las persecuciones, los tiroteos y las escenas de diálogos puede que tengan la misma carga musical: un mojón. La que se lleva la palma es la de los títulos finales. Os juro que me daban ganas de abandonar la serie cada vez que terminaba un episodio sólo por eso. Por ahora no voy a ver las siguientes dos temporadas (manda huevos que haya dos más), pero necesito ver otro anime que me refresque el paladar después del regusto a cartón que me ha dejado este.

PELÍCULAS

EL NIÑO Y LA BESTIA (2015): Llevaba un tiempo con esta película en la recámara y no encontraba el momento de verla. no sabía si verla con mi hijo o hacerlo solo, si merecía la pena ver alguna otra cosa antes o no… pero una tardecita de verano me ha dado pro ponérmela y no me arrepiento. El caso es que ha sido bastante agradable. El argumento me ha parecido un refrito de muchas otras fuentes: el mundo de los dioses, el humano perdido ahí, la pugna por ser el jefazo… todo más de lo mismo, pero lo que me ha ganado es la animación. Pese a algunos momentos en los que la animación por ordenador cantaba muchísimo, me ha parecido que todo era muy orgánico. La animación era fluida y transmitía ese aroma a los clásicos como Akira o alguna que otra joya de Estudio Ghibli. Al terminar la película de una manera completamente predecible no he sentido que hubiera perdido el tiempo, sino que he visto una bonita pieza de arte. Ojalá más así, pero que se curren un poco más el guión.