Adiós fanzines, hola fanzines

Adiós fanzines, hola fanzines

Ilustración Tienda online

El verano amenaza con llegar y con él uno de mis momentos favoritos del año. No son las siestas, la piscina, la sandía, el heladeo, la playita, las puestas de sol, ni tampoco los mojitos, sino la maravillosa limpieza de verano.

Os parecerá una chorrada, pero el resto del año pasa a trompicones y no deja el tiempo ni la situación idónea para hacer algo tan sano como deshacerte de lo que te sobra para hacer sitio a lo que necesitas. Por ejemplo: me sobran botes vacíos de Mistol, pero me falta un descapotable. Deje las drogas, señora.

Lo que el resto de los humanos desagrada para mi es un acto simbólico y es por eso que este lo voy a llevarlo un paso más allá. Estoy abriendo mis cajas intocables y, además de generaciones enteras de ácaros muertos, he sacado de ellas alguna idea.

Así pues voy a poner a la venta un stock remanente que me quedaba de fanzines en los que he colaborado y me he propuesto hacer un nuevo fanzine con lo que saque de su venta ¿Os huele a que como mucho colocaré un par? Pues ese será mi presupuesto. Ya haré encaje de bolillos con lo que tenga y lo que se me ocurra.

Dicho esto lanzo a mi tienda online fanzines y publicaciones que ya están descatalogadas, como números finales y 0 de Adobo, alguno extra que me sobró de Ojodepez Fanzine Inpaper o ejemplares de Habas Contadas. Echadle un ojillo a si os pica la curiosidad (¿Cuántas ves habré pronunciado esa frase?).

Es el ciclo de la vida: cajas que se vacían para llenar otras. Si os falta alguna de las que pongo a la venta sabed que podéis adquirirlas desde ya, y que eso será el germen de futuras miserias.

EL PODER DE LA GRAPA TE OBLIGA

Una palabra vale más que mil imágenes

Una palabra vale más que mil imágenes

Opinión Proyectos Redacción

Vamos a desengañarnos. Una imagen vale más que mil palabras, pero sólo en ciertos casos.

Dejemos de loar a la imagen en detrimento de la palabra. Estamos en al era de la inmediatez y nos han educado para que el estímulo visual sea esencial para percibir sin volvernos locos toda la información que nos bombardea en el día a día. Pero pese al poder que tiene la imagen, estoy seguro que jamas ha habido tanta gente leyendo contenidos.

Por supuesto estos contenidos escritos no son de una calidad literaria reseñable. Una conversación de Whatsapp, un estado de Facebook o las características de un producto en una tienda online no son dignas de recibir un Premio Nobel de Literatura. Pero es que tampoco todas las imágenes que nos llegan a lo largo del día son dignas de ser expuestas en el Museo del Prado.

Ni la foto de la sobrina de tu compañera de trabajo vestida de flamenca que tiene puesto de fondo de pantalla en el ordenador de la oficina, ni el meme del negro extraordinariamente dotado que ha pasado tu cuñado al grupo de la familia, ni los logotipos infumables de empresas de dudosa calidad que ves cuando pasas en coche por el polígono industrial, harán que caigas fulminado al suelo a causa de un Síndrome de Stendhal.

Profesionalmente y personalmente trabajo generando o seleccionando entre diferentes procesos para conseguir destacar una imagen por encima del ruido visual, y puedo aseguraros que muchísimas ocasiones la fascinación por la imagen suele ser un trayecto de ida y vuelta.

He hablado con profesionales y creadores de contenido visual, y coincidimos que la pasión que se generó en nosotros cuando descubrimos el mundo audiovisual, la pintura o el cómic (y que hace que dejemos a un lado una narrativa tradicional) pasa a vivirse de otra manera con el tiempo.

Al igual el amor de largo recorrido no puede quedarse para siempre en ese primer estadio de furor y hormonas, la pasión por la imagen rara vez se queda en ese estado de fascinación y experimentación inicial. Con el tiempo y la experiencia se va relajando hasta convivir con otras maneras de expresión. Sólo llegados a este punto podemos observar el poder real de un grupo de palabras.

No es raro ver que creadores de imágenes como fotógrafos, dibujantes o cineastas llegado un momento se ponen a escribir un relato, un poema, un guión o una novela. Y en parte es porque la palabra es un recurso mucho más sencillo y accesible a la hora de transmitir una idea que si lo abordáramos por otras vías. Si optamos por esos otros caminos posiblemente habría que aprender una técnica, pagar unos medios o desplazarse a unos lugares quedan lejos del alcance de algunos creadores ya sea por dinero, tiempo o esfuerzo. Muchos de ellos han cambiado de oficio y se han transformado en novelistas, poetas o autores narrativa gráfica o infantil.

Personalmente me di cuenta repasando cuadernos antiguos. Me fijé que los primeros estaban llenos de dibujos, esquemas o recortes, y poco a poco esos espacios eran ocupados por anotaciones, listas o pequeños párrafos.

Ampliando ese enforque me fijé en mis intereses profesionales, que en un principio se centraban en la ilustración, el diseño, la fotografía o la narrativa audiovisual y que poco a poco han ido volcándose más en la redacción o el naming.

Esto no quiere decir que no me guste la imagen, pero digamos que he aprendido a amarla de otra manera. Ya no me apetece meterme entre sus piernas a la primera de cambio, sino compartir con ella momentos brillantes de auténtica complicidad y compenetración… y de vez en cuando tener sexo duro y sucio con ella, claro.

Esta reflexión puede que os parezca una chorrada pero, para alguien que pasa tanto tiempo trabajando con imágenes y palabras, es como cuando vuestra pareja os dice “cariño, tenemos que hablar”. Efectivamente amigos, yo también estoy tan emocionado como acojonado. Pero os aseguro que veréis algo de revuelo en mis miserias al hilo de este razonamiento.