Miedo al fuego Amigo – Colectivo Miga

Miedo al fuego Amigo – Colectivo Miga

Ilustración Opinión Proyectos Redacción

Hablando con la gente de Like a Wave sobre el por qué nuestra profesión se encuentra siempre en una posición difícil al negociar con un cliente o al tratar con un proveedor, llegamos a la conclusión de que el problema es la falta de confianza en los profesionales que formamos nuestro gremio.

Por culpa de el miedo no somos capaces de avanzar como colectivo y evolucionar hacia mejores condiciones de trabajo o más ventajas para establecer una relación de igual a igual con otras profesiones y sectores.

Fruto de esa conversación surge el artículo que he compartido en el blog de Colectivo Miga con el titulo “Miedo al fuego amigo” e ilustrado también por mi. Aquí un pequeño extracto.

Si nuestro gremio fuera un animal sería un perro sarnoso, desconfiado y tembloroso que se debate entre la vida y la muerte, y que duda si aferrarse a la vida aceptando el chusco de pan que le ofrece el cliente o lanzarse a su yugular y darse un festín con su cadáver aunque esta maniobra le cueste la vida.

Pero siempre habrá un amigo campechano e ignorante que diga “pero no hace falta que publiquéis nada, podéis hablar entre vosotros. Fijaros en las enseñanzas de los más veteranos y en los conocimientos frescos de los nuevos profesionales”.

Este individuo no ha estado en ninguna charla de freelances o en alguna exposición, de lo contrario sabría que carecemos de esa camaradería, organización o confianza. Porque lo que nos ata las manos es el miedo. Miedo a abrirnos a otros otros profesionales como nosotros y a caer abatidos por fuego amigo.

Para que os hagáis una idea una conversación entre profesionales sobre este tema suele ser así:

– ¡Ey Lucrecia! ¿Cómo andamos?
– Ahí tirando, Ovidio.
– Me alegró mucho verte en el Pechakucha el otro día.
– ¡A ver si quedamos más cabrón, que estás perdido!
– Sí… Oye, una cosa ¿Te acuerdas que me dijiste que estabas trabajando con una marca de grandes almacenes?
– Sí, claro.
– Es que un cliente parecido me ha pedido presupuesto y quería saber tu opinión. Te mando por mail las cifras.
– ¡Ah!… vale… (se esfumó el buen rollo)
– ¿Cómo las ves?
– Bien… pero yo pediría más.
– ¿Como cuánto más?
– Pues… algo más.
– ¿Tú cuánto le cobras a tu cliente?
– Hombre, son situaciones distintas…
– Ya ¿Pero cuánto?
– Bastante más.
– ¿Me puedes decir la cifra?
– ¡Uy! Ojalá pudiera… Pero ya sabes…
– Entiendo, gracias de todos modos.
– ¡A mandar!
– Un abrazo a Patricia y a los niños.
– ¡De tu parte monstruo!

Puedes leer el artículo completo PULSANDO AQUÍ.

Adiós fanzines, hola fanzines

Adiós fanzines, hola fanzines

Ilustración Tienda online

El verano amenaza con llegar y con él uno de mis momentos favoritos del año. No son las siestas, la piscina, la sandía, el heladeo, la playita, las puestas de sol, ni tampoco los mojitos, sino la maravillosa limpieza de verano.

Os parecerá una chorrada, pero el resto del año pasa a trompicones y no deja el tiempo ni la situación idónea para hacer algo tan sano como deshacerte de lo que te sobra para hacer sitio a lo que necesitas. Por ejemplo: me sobran botes vacíos de Mistol, pero me falta un descapotable. Deje las drogas, señora.

Lo que el resto de los humanos desagrada para mi es un acto simbólico y es por eso que este lo voy a llevarlo un paso más allá. Estoy abriendo mis cajas intocables y, además de generaciones enteras de ácaros muertos, he sacado de ellas alguna idea.

Así pues voy a poner a la venta un stock remanente que me quedaba de fanzines en los que he colaborado y me he propuesto hacer un nuevo fanzine con lo que saque de su venta ¿Os huele a que como mucho colocaré un par? Pues ese será mi presupuesto. Ya haré encaje de bolillos con lo que tenga y lo que se me ocurra.

Dicho esto lanzo a mi tienda online fanzines y publicaciones que ya están descatalogadas, como números finales y 0 de Adobo, alguno extra que me sobró de Ojodepez Fanzine Inpaper o ejemplares de Habas Contadas. Echadle un ojillo a si os pica la curiosidad (¿Cuántas ves habré pronunciado esa frase?).

Es el ciclo de la vida: cajas que se vacían para llenar otras. Si os falta alguna de las que pongo a la venta sabed que podéis adquirirlas desde ya, y que eso será el germen de futuras miserias.

EL PODER DE LA GRAPA TE OBLIGA

Mi primer y último Inktober

Ilustración

Hace tiempo que el reto del Inktober está circulando y siempre me ha parecido atractivo, pero siempre he tenido miserias que me han impedido subirme al carro. Este año no era una excepción pero me cargue de motivación y ganas de complicarme la existencia y decidí afrontarlo.

Para quien no lo sepa Inktober es una iniciativa del ilustrador Jake Parker. Un día decidió plantarse un reto para mejorar sus aptitudes en el manejo de la tinta y se propuso hacer una ilustración usando sólo tinta (y algo de lápiz para los bocetos) cada día durante todo el mes de octubre y compartirla a través de las redes sociales con el hashtag #inktober para que los que se sumaran a la iniciativa pudieran intercambiar consejos y experiencias.

Y a fe que así fue. En unos años la comunidad de ilustradores se lanzó a hacer este reto ganando en visibilidad y práctica con esta técnica. Jake Parker había creado un monstruo y este año yo era una de sus presas.

El ilustrador que fundó este movimiento suele poner antes de empezar una guía de palabras o temas para que la inspiración no sea un problema y los participantes se centren en dibujar, pero yo soy de naturaleza masoquista y me pude dos premisas: acabar con un estuche de rotuladores Carioca Joy de 1993 que había encontrado haciendo la limpieza e inspirarme en las imágenes resultantes de poner caracteres aleatorios en el buscador de imágenes de Google. Ahí es nada.

Empecé un poco tarde pero cogí rápidamente el ritmo. Pero Jake, pichita, este reto es para la gente que no tiene más vida que ilustrar y que tiene un espacio apartado donde puede concentrarse. Yo ha tenido que pasar la mayoría del reto ilustrando por la noche, a la luz de un flexo con un trapo y en completo silencio para no despertar al chiquillo.

Además, mis premisas han potenciado aún más el reto. Tenía que pasar horas mirando imágenes sin sentido fruto de aporrear el teclado hasta que encontraba una que me inspirara una imagen, y cuando lo hacía los rotuladores estaban secos o completamente destrozados. Al final tenía que tirar de recursos gráficos que me salvaran el cuello o directamente de paciencia.

El resultado lo podéis ver en esta galería. Fui poniendo las imágenes de referencia junto a las ilustraciones conforme las iba haciendo en Facebook y también una foto en el Instagram Stories con un teaser de la ilustración completa.

Al final acabé agotado, cabreado y con 31 ilustraciones que no sé si quemar, guardar o vender. Porque, hete aquí otra de las cuestiones del Inktober, hay muchos autores que van vendiendo sus ilustraciones cuando ni si quiera aún las han terminado. Eso es un aliciente enorme, pero no es mi caso. Yo sólo soy un tipo que quería gastar sus rotuladores y el precio que he cobrado es algo más de espacio en el estudio. Seguramente haga versiones vectoriales de las ilustraciones que más me han gustado y algún que otro motivo para nuevas aventuritas gráficas.

El año que viene más (NO)